El Triple Crimen de Cipolletti, por Mariana Ortega

Para elaborar la propuesta de trabajo de la Unidad IV, “Violencia de Género”, trabajaré con una serie de artículos periodísticos del Diario Río Negro, seleccionados del archivo oficial de dicho diario, de la sección Policiales, sobre lo que se denomino el “Triple Crimen de la ciudad de Cipolletti”, que consistió en el brutal asesinato a tres chicas: María Emilia González, Paula Micaela González y Verónica Villegas. Dichos artículos se encuentran anexados todos al final del trabajo y datan del año 1997, desde que se reporta la desaparición de las tres jóvenes, su posterior y terrible hallazgo hasta las connotaciones y opiniones del caso y sus presuntos culpables. Además se incluyen en los recortes opiniones de miembros de la comunidad en general, donde se precisan las reflexiones de una sociedad conmocionada por el hecho con sus posteriores acciones. Estas reflexiones me parecieron de vital importancia para desarrollar una serie de reflexiones sobre las temáticas más importantes a la que apunta el seminario.

Cuestionario:

1- El tema del artículo es el “Triple Crimen de la ciudad de Cipolletti”, ocurrido en la ciudad de Cipolletti, provincia de Río Negro, el día 09 de noviembre de 1997. Las tres jóvenes, María Emilia (24 años), Paula Micaela (17) y Verónica (22), fueron secuestradas mientras realizaban una caminata por el barrio el día 09/11. Fueron golpeadas, violadas y asesinadas el 10/11 de noviembre y sus cuerpos fueron hallados cerca de las vías del ex-ferrocarril, tapadas por hojas y basura el 12/11. La sinuosa investigación policial llevó a los jueces a apresar a unos marginales que vivían en uno de los barrios más pobres de Cipolletti, Los Hornos. Hilario Sepúlveda y Horacio Huechemir, eran dos hombres pobres de la ciudad que fueron tomados como sospechosos, atacados a balazos por la policía y procesados por los homicidios, sólo por su cualidad de marginados sociales. Esta hipótesis duró poco tiempo y los dos sospechosos fueron dejados en libertad por falta de mérito. Mientras tanto duro la hipótesis de los marginales, se tejieron alrededor de ellos artimañas de todo tipo para hacer creer su participación en los crímenes. Desde los dichos de altos magistrados: jueces, fiscales, jefes de policía, intendentes y demás políticos, hasta familiares, amigos y vecinos. Todos ellos son de vital importancia en la descripción de los hechos los días posteriores al triple crimen.

¿Se inscribe al delito en una serie? ¿Cuál?

La noticia sale tapa de diario “Indignación y dos detenidos por la masacre de Cipolletti” y la noticia se desarrolla desde la página 20 hasta la 30, de la sección Policiales/Judiciales, que se encabeza con el titulo “Horror y conmoción por el asesinato de las tres chicas que habían desaparecido en Cipolletti”, durante esta página y en la siguiente se detalla todo aquello referido al crimen: hallazgo de los cuerpos, ataque sexual, armas que utilizaron y también se menciona a dos detenidos por los crímenes. En la página 22 se habla específicamente de los dos sospechosos con el titulo: “Detuvieron a tiros a tres de los sospechosos”. Los textos que siguien versan entre infografías y mapas sobre el secuestro, palabras y opiniones de especialistas en el tema (jueces, policías, peritos), pedidos de justicia de familiares y amigos, el vecino que encontró a las chicas desaparecidas; hasta que en la página 27 en el pie de Pág. un recuadro titula: “Una historia de cuentas pendientes”, acompañado por un copete de un reglón que aclara: “Demasiados casos sin resolver en la provincia de Río Negro”, así el este triple crimen se inscribe en esta serie de delitos sin resolver. El pequeño recuadro narra una la historia de crímenes impunes en la provincia, sobre el cual este sería una seguidilla de los que allí se detallan. Nombran cuatro crímenes, y el párrafo concluye: “la policía está perdiendo la partida contra el delito”. Entre los asesinatos se destacan el de Oscar Pardo, violado y asesinado en 1996 Cervantes, pcia de Río Negro, el de Mariela Rodríguez, asesinada en un taxi, el de Leticia Sartor, en un robo a su casa, ambos en la localidad de Villa Regina en el año 1995, el de Raúl Asís en un robo en su comercio de Gral. Roca en 1994, el de Daniela Calfupán en Fdez. Oro en 1994, el de Carlos Méndez en un robo también en 1994; y por último el de Río Colorado con dos personas asesinadas en 1989. Estos crímenes están enmarcados en robos contra la propiedad privada y “casos de inseguridad”, según dice: “Los niveles de inseguridad crecen en forma alarmante”. Los casos mencionados, pueden no tener nada que ver con lo que les sucedió a las jóvenes, ya que a ellas no las mataron para robarles, y en los demás casos, excepto uno, no se registra violación ni saña, sin embargo el Diario los utiliza como antecedentes, además los nombran como impunes aunque algunos de ellos recibieron condenas. También en la Pág. 24 el Ministro de seguridad Jouliá expresó: “queremos que se esclarezca tanto este caso como el de Río Colorado”, marcándolo como antecedente y en el párrafo siguiente agregó: “en el caso de Río Colorado hubo fuertes falencias y no queremos que acá pase lo mismo…”. El ministro está marcando un antecedente de un caso que hasta el momento no se sabría si tendría algún tipo de relación con este, ya que en el caso de las dos personas asesinadas en Río Colorado (Raquel Laguna y Sergio Sorbellini) se esclareció que la policía fraguó pruebas y dos personas fueron condenadas. El juicio se declaró nulo y ocho años después fueron procesados los policías. Sin embargo, estas palabras dichas por el ministro pueden haber sido un disparador de casos de inseguridad, y su consiguiente efecto el detalle de crímenes que realiza el diario, aunque dichos actos criminales responden a una naturaleza distinta. Por estos detalles y los mencionados más arriba es que no se aprecian notables coincidencias con el Triple crimen.

2- Contextualización de la información. ¿Se reconocen motivos macro?

En lo que respecta a la cobertura realizada por el medio específicamente se reconocen motivos que conducen a dos sospechosos por los crímenes, estos elementos que figuran en la crónica son: una denuncia anónima, armas encontradas en el lugar allanado y manchas de sangre en la ropa de los sujetos.

La contextualización de la información se realiza de modo prejuicioso y discriminatorio con respecto a los sospechosos en forma constante. La primera mención que realizan es: “Hay dos detenidos que resistieron a balazos”, tenían ropa manchada con sangre. Esos dos detenidos eran Horacio Huechumir e Hilario Sepúlveda, quien para ser apresado recibió tres balazos por parte de la policía por su presunta vinculación en el hecho. Esta vinculación se realizó a través de una supuesta llamada anónima que, como dice el artículo: “alerto sobre la responsabilidad de dichos sujetos en el hecho”. Nada más que una llamada y con esto alcanzó para ir a buscarlos a los tiros. Lo importante es que nunca se revela ningún dato más acerca de esta llamada y la sangre encontrada en la vivienda parece ser de los sospechosos, del policía herido y no de las victimas. En la Pág. 20 del texto principal puede leerse: “la resistencia de uno de los individuos a ser detenido (…) fueron consideradas fuertes presunciones en su contra”. La resistencia a Hilario le valió tres balazos. La pregunta lógica sería ¿quien no se resistiría a ser atacado a tiros? En la Pág. 22 se titula “Detuvieron a tres de los sospechosos”. Allí se relata el lugar donde hallaron a los sospechosos, muy peyorativamente dentro de un barrio pobre se dice “en la casita del paraje Santa Marta” del barrio Los Hornos. El periodista continúa: “el dormitorio renegrido por el humo y de una sola ventana pequeña, estaba totalmente a oscuras”. Tal vez estaba a oscuras porque justamente estaban durmiendo cuando los sorprendió la policía. Se hace alusión a lo largo del texto a la situación social de los involucrados: la casita del paraje Santa Marta, el sector de los hornos de ladrillos, etc. Pero lo más grave puede verse en el copete que figura abajo del texto principal y que se titula: “Un paraje casi olvidado cerca del basurero municipal”, en este recuadro se describe la situación en la que viven los sospechosos.: la casa baja de ladrillos pegados con barro está en un rincón entre álamos y tamariscos, junto a un desagüe y mucha basura desparramada”, esta descripción es altamente discriminatoria con respecto a la situación social de los incriminados, continúa: “El paraje Santa Marta está muy cerca del basurero municipal, a unos cuantos kilómetros del centro de esta ciudad”, alude a que como son pobres viven en los suburbios, lejos del centro, en el área marginal de la ciudad. El relato está organizado por eje que es la cuestión de clases permanentemente. Son culpables porque son pobres. Son pobres, porque viven en un barrio pobre y porque la casa es de ladrillo, cerca de los hornos, un barrio sucio dentro del basurero municipal y por suerte lejos del centro, de la gente bien claro.

Todo el relato que continua es discriminatorio, estigmatizante con respecto a los rasgos de los sujetos, por ejemplo sus practicas: “algunos se quejaron porque en esa casa suelen juntarse algunas personas de mal vivir” o “hay permanentes reuniones de hombres, que se dedican a juntar cartones y metales en el basurero”, y también, “los encuentros suelen tener como denominador común el alcohol”. Todos estos rasgos que se describen son estigmatizantes y conforman estereotipos muy comunes difundidos por los medios de comunicación para caracterizar a las personas y agruparlas como delincuentes, criminales, alcohólicos, sólo por el hecho de ser pobres. Este es un rasgo recurrente en el relato, no se menciona las causas estructurales de que estas personas vivan en estado de indigencia, no se señala el valor del trabajo, porque trabajan cartoneando en los basurales como medio para subsistir y además el alcohol, para los pobres caratulado como un componente directo al crimen, porque se juntan a tomar alcohol y matan.

3 - Tipificación de víctimas y victimarios.

Durante toda la cobertura realizada se puede leer como se realiza esta distinción permanente entre las victimas, gente de bien y los victimarios, como inadaptados sociales. El relato versa constantemente en esta contraposición, por ejemplo en referencia a las víctimas en uno de los títulos se precisa: “Las chicas eran queridas por todos”. Durante el relato son recurrentes los estereotipos a los que apela el diario: “las tres chicas asesinadas son hijas de dos familias tradicionales de la ciudad”, además, “eran pibas ejemplares”, y también, “eran chicas de aquellas que van del estudio a su casa”. Estas constantes frases citadas en el diario hacen pensar al lector “está es gente” “es gente común, es gente como uno”. Esta es la gente que pide justicia, que está en las marchas en las calles, en la plaza de la ciudad reclamando penas más justas, más severas para los delincuentes y pidiendo por supuesto la pena de muerte para los asesinos. Como cada vez que hay un asesinato la gente sale a la calle a pedir más policías en las calles y además vuelve a instalarse el debate de la pena de muerte: “Muchas voces pidieron la pena de muerte”, o también, “saturaban las radios con llamados desde emotivos hasta pidiendo la pena de muerte”, o también la desafortunada declaración de la legisladora radical Marta Milesi: “para estos casos propongo la pena de muerte y además que les corten los huevos”. El diario apoya este debate titulando “A favor y en contra de la pena capital”, publicado el día 12 de noviembre en la Pág. 29 de la Sección Policiales, también al otro día en la tapa del diario se titula en un recuadro debajo de la foto principal de media pagina, del lado izquierdo: “En el gobierno vuelve a hablar de pena de muerte”. Lo que deja claro esto es que otra vez ante un terrible crimen la gente desea que se pague con la misma moneda y piden exactamente aquello que critican, la muerte por mano propia.

Otros aspecto destacado de la cobertura es la recurrencia a los pedidos de mayor policía para evitar el crimen, evitar la inseguridad. Al día siguiente el Diario saca un recuadro en la Pág. 21 de la sección Policiales/Judiciales que se titula: Piden destacamento y más Policía. Allí se le pide al gobernador que “aumente la planta de efectivos policiales y que garantice la provisión de elementos para la fuerza”. Paradójicamente se piden armas, garrotes, más herramientas a la policía para actuar contra las personas, contra la sociedad, como mencione antes se vuelve al planteo inicial, a poner en de relieve aquello que se cuestiona.

El contraste se produce cuando se hace referencia a los victimarios del hecho, es notable como cambia el tono del enunciador, deja de ser coloquial, melancólico y desgarrador y pasa a ser hiriente, a marcar una distancia a través de los adjetivos calificativos que utiliza para designar a los “sujetos”, que no son gente, son delincuentes, bárbaros, inadaptados. Es notorio el uso de algunos estigmas que figuran como marcas comunes en los delincuentes: la marginación, la alusión a la pobreza, la indigencia en la que viven, el basurero, las prácticas que tienen, el salir a buscar cartones y metales y además el consumo de alcohol. El lugar de la casita de los Hornos como un aguantadero donde se junta gente de “mal vivir” y tienen como “denominador común el alcohol”. El enunciador marca estos rasgos, estos atributos de los sujetos como condición estructural de su posterior comportamiento.

Dicotomía:

Paula Micaela González (17 años) estaba por terminar el secundario en un colegio inglés de Cipolletti, el "Sunrise School". Según expresan sus compañeras en el diario, “una compañera ideal”.

María Emilia González (24 años) estudiaba Ciencias de la Educación en Cipolletti. Era una mamá que vivía pendiente de su hijita Agustina quien estaba por cumplir tres añitos. “Quería ser maestra jardinera y las más de las veces iba a clase caminando”.

María Verónica Villar (22 años) era estudiante de la facultad de Ciencias Agrarias en la Universidad del Comahue. Todos los testimonios coinciden en que “era estudiosa y de su casa”.

Hilario Sepúlveda, (28 años) y Horacio Huechumir (22 años), principales acusado de los crímenes. Los marginales, desplazados, miserables, grasitas. No se aportan mas datos de ellos que estos.

4 - Ubicación del enunciador.

El enunciador no es objetivo, en tanto que se ubica del lado de los lectores del Diario, de la gente consumidora del producto. Es evidente que se instaura en el enunciado preferentemente de un lado, del lado de las victimas, de la gente que vive la tragedia, esto puede verse claramente en las siguientes enunciaciones: “las lagrimas de los cipoleños salieron a pedir justicia”, un relato teñido de color para entablar una identificación con el público lector y consumidor de dicho medio. Citas como “tenemos miedo” o “le pudo pasar a mi esposa a mi hija, esto nos duele a todos”, y también, “La gente salió a la calle eligió la plaza como escenario del llanto y protesta”. Entonces la enunciación parte desde este lugar, de la “gente”, como vos como yo, de la gente civilizada que sufre la inseguridad, por culpa de unos inadaptados.

Del otro lado puede ubicarse al grupo de bárbaros en un paraje casi olvidado, cerca del basurero municipal. Allí están los desplazados del sistema, del grupo gente, de los “cipoleños”, están los marginales que cartonean y beben alcohol, cerca del desagüe y la basura. Se vuelve a reproducir la dicotomía tan característica del tipo de discurso de este diario. Claramente este medio es el portavoz de lo que les sucede a los que viven la tragedia, de lo que le sucede a la gente bien y de buenas costumbres.

5 - Construcción del ámbito criminal, naturaleza del crimen y de los criminales.

La narración señala un lugar en las afueras de la ciudad, en un descapado, cerca de las vías del ferrocarril, un lugar tapado de hojas y basura. Afirma el imaginario social de esta zona, las vías del ferrocarril como un lugar peligroso y temeroso. Sin embargo, ese es el lugar donde fueron hallados los cuerpos, no se sabe donde las mataron. Lo que recalca el diario es que las tres chicas habían salido a caminar por la ciudad como cualquier persona y desaparecieron. En esta enunciación también hay un imaginario socialmente aceptado y es el de “el monstruo de la inseguridad”, el hecho de estar disfrutando determinada situación en el espacio público (la plaza, el barrio, etc) y que se produzca un acontecimiento inesperado, ser asaltado o abordado por cualquiera, por lo general un anormal, un monstruo.

Con respecto a los victimarios, ya lo exprese anteriormente y es esta recurrente de las dos personas detenidas, denominadas por el Diario Río Negro como “marginales”, o sea, inadaptados, desplazados, pobres, negros, grasas, anormales.

6 - Construcción del verosímil.

El verosímil se reconstruye a través de la voz de especialistas que formaron parte de la investigación, por ejemplo la policía es la voz oficial es citada continuamente, también el jefe de seguridad, ministros, jueces, peritos forenses. Sin embargo también hay otras fuentes como vecinos (el señor y su perra ámbar que salieron a buscar y hallaron los cuerpos de las jóvenes) y familiares y amigos. Pero lo que más se destaca durante el relato son las acciones llevadas adelante por los efectivos policiales, las cuales son traspuestas al relato a través de recurrentes citas. Por ejemplo, cuando se relata la detención de los sospechosos, el relato comienza del lado del sargento que llevó adelante el operativo, dice “El sargento Raylén entró a la casita del paraje Santa Marta…”. Esta narración detallada de los hechos es una estrategia que utiliza el enunciador para darle verosimilitud al relato, esta cuestión de narrar el momento real en el que apresan a los sospechosos. Sin embargo, el resto del relato meramente informativo, cita lugares, días y horas, pero no recurre a mayor dramatización o ficcionalización de los hechos.

El relato se complementa con muchas fotografías, entre ellas: de las tres victimas, de familiares rodeados de policías en el momento que son hallados los cuerpos, del juez y sus colaboradores en el lugar del hecho, de los policías en la casa de los sospechosos, del ministro de seguridad y jefe de policía en conferencia de prensa, de la marcha del día siguiente pidiendo justicia, de familiares llorando, del vecino y su perra que encontraron los cuerpos, etc. Es como si todos los momentos que se vivieron quedaran registrados en una imagen. Esto se complementa con el uso de infografías y mapas explicativos que registran recorridos y horarios precisos de los acontecimientos más importantes que ocurre entre el domingo desde la salida de las jóvenes a caminar, hasta el martes, con la detención de los sospechosos.

7- Caracterización de la ley. Evaluación del medio sobre el accionar policial.

Desde el medio si bien colocan al accionar policial como el calificado y digno de las acciones que realiza también es cierto que se produce un cuestionamiento de su accionar. Primero cuando se habla de los antecedentes (Pág. 27), titula: “Una historia cuentas pendientes”, allí el enunciador asegura que la policía está perdiendo la batalla contra el delito. Después agregan: “es un personal mal pago, con personal poco capacitado, con jefes que se pelean entre si, la policía acumula deudas contra la sociedad”. En fin, se muestra desconforma con la fuerza policial en muchos aspectos, citando antecedentes y problemas estructurales de la institución.

Al día siguiente, el diario titula “Fuerte polémica por el inicio de la búsqueda”: allí, a través de la voz de Carlos Segovia, representante de la Corriente de Militantes por los derechos humanos, se responsabiliza directamente a las fuerzas de seguridad, por no haber investigado la desaparición de las tres chicas. Le reclaman a la policiía no haber iniciado la búsqueda y los rastrillajes inmediatamente después de reportarse la desaparición: “No tenían ni nafta para los patrulleros ni linternas para recorrer la zona” Con esta afirmación también termina reduciendo la situación a un problema estructural que es la falta de presupuesto.

Sin embargo el diario no cuestiona en ningún momento el procedimiento violento y aniquilador que la policía de Río Negro llevó adelante para detener a los presuntos sospechosos. No reparo en el detalle de que no se había terminado de levantar los cadáveres, cuando la policía halló a los “culpables”: dos hombres pobres, que vivían en la zona más carenciada y marginada de la ciudad. Fueron reducidos a balazos por esta fuerza y apresados injustamente. Como también aprovechó para cuestionar la falta de policía y destacamento policial en los barrios carenciados, y abrir un debate acerca de la pena de muertes.

- Reflexiones sobre la violencia de género y la sociedad.

Durante la cobertura de la noticia realizada por el Diario Río Negro, desde la desaparición de las tres mujeres, hasta su hallazgo y los días posteriores, nunca se atino siquiera a vincular estos crímenes, dentro de la “Violencia de Genero”, por el contrario se marcan antecedentes de otros asesinatos relacionados con la inseguridad y no se aborda está cuestión con un problema estructural de la sociedad a través de un análisis crítico. Sin embargo, estos asesinatos fueron el primero de una serie de crímenes contra mujeres ocurridos en Cipolletti, como lo expresa Silvia Chejter[1], en su ensayo los discursos de la prensa escrita en los casos de violación, un dato desconocido, si bien suma nuevo conocimiento, se instala en lo sabido, en lo ya conocido. De este modo, la información de algo reciente, que da cuenta de un hecho novedoso, se suma a otros ya conocidos y se agrega una nueva unidad a la serie, así también se determina una identificación de la clase de hecho.

Como pudimos ver, durante una sinuosa investigación judicial, el magistrado llegó a apoyar la teoría de los marginales como autores materiales del secuestro y muerte de las chicas. Esa hipótesis le sirvió para procesar a Hilario Sepúlveda y Horacio Huenchumir, dos hombres pobres que forman parte del elenco de “los sospechosos de siempre” de la ciudad. Esta hipótesis, les valió a los jueces de la causa para instalar en los medios de comunicación y en la sociedad en general el caso como un hecho delictivo realizado por un par de inadaptados, como lo expresa Fernández Díaz[2] “por unos hombres anormales”. La autora dice que uno de los lugares comunes es la caracterización del grupo masculino entre hombres normales y anormales, en la que el agresor sería un monstruo, lejos de pertenecer al grupo de hombres con comportamientos aceptables.

Sin embargo no se produce en la narración del medio no se produce un maltrato explicito acerca de las mujeres asesinadas, si hay una reducción a ciertas imágenes prejuiciosas, que también es un tipo de violencia, aunque menos visible. Con respecto a esto un dato que me resultó interesa de la cobertura realizada es la constante caracterización que se realiza de las victimas. Volviendo a lo que dice esta autora acerca de tratamiento de la imagen de la mujer en los medios de comunicación, considero que hay una continua recurrencia a los estereotipos. La imagen que reproducen de las “chicas buenas, de las chicas estudiosas, de las chicas de su casa”. Como lo menciona la autora, en los medios se reproducen estereotipos existentes en la sociedad, de la mujer a un papel erótico o a un papel “domestico”. Este sitio donde las ubica la noticia es poco creíble, no es necesario personificarlas como santas, para que no se merezcan el maltrato, el abuso y la muerte, como también lo expresa July Cháneton[3] esto parte de una creencia socialmente aceptada, “el lugar tradicionalmente asignado a la mujer es de débiles y sumisas”. Lo importante de esta caracterización es en lo que produce en la opinión pública, y este tipo de apreciaciones radican en la creencia de la gente que como eran chicas buenas, no merecían morir. El peligro es que esto lleva a la dicotomía inmediata de que si eran unas locas callejeras se merecen todo lo que les sucedió. La cuestión que se debe plantear desde el medio es que lo que les sucedió a las muchachas no debería sucederle a nadie, sea bueno o malo, de su casa o de la calle, sea de las familias más tradicionales de Cipolletti o menos tradicionales, no se debe justificar bajo ningún parámetro este tipo de hechos. De este modo los medios de comunicación también ejercen dicha violencia, si tenemos en cuanta que esta es definida como “todo acto o mecanismo, legitimado por la costumbre y que tienen por resultado un daño físico, moral, sexual o psíquico”. Por lo tanto es necesario abordar las verdaderas causas del problema, que parten de una naturaleza ideológica, más vinculada a la creencia social y aceptada de la superioridad del hombre en la sociedad que lleva a disminuir la capacidad y el rol de la mujer, generando desigualdades estructurales. Por otro lado los abordajes mediáticos sobre este tipo de violencia, siempre versan en las individualidades y no se lo tiene en cuenta en una dimensión más amplia como la cuestión cultural e ideológica d género existente en las sociedades contemporáneas.

Bibliografía Consultada

  • Cháneton, July (2007): “Relatos y razones de los géneros”. En Géneros, poder y discursos sociales.

· Chejter, Silvia (1995): “El discurso periodístico de la violación en la prensa escrita”. En Travesías, año 3, N° 4, noviembre.

· Fernández Díaz, Natalia (2003): “Las mujeres y los Discursos Mediáticos”. En La violencia sexual y su representación en la prensa”. Barcelona, Anthropos.

· Madriz, Esther (2001): “Introducción” (fragmento). En a las niñas buenas no les pasa nada malo. México, siglo XXI.

Archivos del diario Río Negro.


[1] Chejter, Silvia (1995): “El discurso periodistico de la violación en la prensa escrita”. En Travesías, año 3, N° 4, noviembre.

[2] Fernández Díaz, Natalia (2003): “Las mujeres y los Discursos Mediáticos”. En La violencia sexual y su representación en la prensa”. Barcelona, Anthropos.

[3] Cháneton, July (2007): “Relatos y razones de los géneros”. En Géneros, poder y discursos sociales. Buenos Aires, Eudeba.

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