Doble Crimen de Colegiales, por Mariana Ortega

Para elaborar la propuesta de trabajo de la Unidad III, “Violencia y Delito”, trabajaré con la cobertura realizada a través de una serie de artículos periodísticos del Diario de tirada nacional, La Nación, seleccionados de la sección Policiales, sobre lo que se conoció como el “Doble Crimen de Colegiales”, que consistió en el asesinato a Ignacio Bareriro, de 48 años, dueño de un restaurante en dicho barrio y a su hijastro, Jorge Daniel Almada de 26 años.

Los artículos se encuentran anexados todos al final del trabajo y datan del año 2006, desde que se conoce el doble asesinato, hasta las connotaciones y opiniones del caso y de sus culpables. Estas reflexiones me parecieron de vital importancia para desarrollar una serie de reflexiones sobre las temáticas más importantes a la que apunta el seminario.

Cuestionario:

1- El tema que se aborda es el asesinato de dos personas: Ignacio Bareiro de 48 años, dueño de un Restaurante llamada Nacho´s en el barrio de Colegiales, en la Capital Federal; y de su hijastro Jorge Daniel Almada de 26 años de edad, el cual se encontraba en la parrilla festejando su cumpleaños. Los dos hombres fueron asesinados por dos jóvenes que entraron a robar dinero de la caja del negocio. Según se explicita en uno de los artículos periodístico, titulado “Conmueve un doble crimen en Colegiales”, del jueves 13 de julio de 2006, Ignacio Bareiro fue asaltado por los dos delincuentes en su restaurante, se estaban llevando el dinero de la caja, cuando entró en escena su hijastro, Jorge Daniel Almada, quien al intentar detener a los delincuentes, también fue asesinado.

La investigación policial, llevó a la detención de tres personas: Jonatan Inostroza de 19 años, un menor de 17 años, de quien se resguarda su identidad; y un taxista, llamado Sergio Porpic, quien manejaba el vehiculo en el que escaparon con el dinero. Sin embargo a los que mas se hace referencia en toda la cobertura es a los dos jóvenes.

¿Se inscribe al delito en una serie? ¿Cuál?

La noticia en los primeros días se titula en el diario, “La crisis de Seguridad”: Colegiales: conmoción por el doble crimen durante un robo”, como también, “Conmueve un doble crimen en colegiales” y está enmarcada en “Inseguridad en la capital: hechos cada vez más violentos”, o sea, que el tema de la noticia es el asesinato de estos dos hombres, pero la cuestión que se plantea en estos artículos es la Inseguridad. Se especifica en los párrafos siguientes que este doble crimen se suma a otros robos violentos en la capital federal que terminaron en asesinatos. A partir de aquí se disparan una serie de temas relacionados con el hecho, pero que también tienen que ver con cuestiones sociales, económicas, políticas y culturales más profundas, que sin embargo son abordadas sin ningún análisis previo.

Se narra el hecho ocurrido en detalle, pero luego este doble crimen se lo inscribe en esta serie de delitos sin resolver en la capital federal, los que menciona el diario como “Casos Resonantes”, son los siguientes:

Degollado en Colegiales (19 de mayo): Miguel Ángel Fernández, dueño de un local en Colegiales, fue degollado por dos asaltantes. Asesinato en Palermo (5 de junio) Mataron a María Pía Guglielmi, en Palermo. La mujer fue emboscada cerca del Club de Golf, a plena luz del día. Violación en el subte (16 de junio): Una joven denunció que fue bajada a la fuerza de la estación Callao del subte B, arrastrada, robada y violada alrededor de las 15. Muerte en Retiro (4 de julio) Un policía quiso evitar un robo en el Banco Río de Juncal 735 y fue asesinado por uno de los delincuentes que entraron a robar. Locura en Av. Cabildo (6 de julio) Un hombre que caminaba por la avenida Cabildo al 1700 mató a un joven y hirió a otras seis personas. Está prófugo. Tiroteo en el centro (7 de julio) A las 19, en las avenidas 9 de Julio y Córdoba, se produjo un tiroteo entre la policía y dos delincuentes que le habían robado un bolso a un turista. Tragedia en Monserrat (8 de julio) El sargento Alberto Encina fue asesinado cuando intentó impedir que un grupo de delincuentes asaltara un autoservicio, Uno de ellos murió en el tiroteo. Era un gendarme en actividad.

Se narra una seguidilla de actos criminales (asesinatos, violaciones, asaltos) en barrios “bien” de la capital federal, probablemente donde residen personas que son asiduos lectores de este diario, como son los barrios de Palermo, Colegiales, Belgrano y el centro capitalino, sobre el cual este sería un hecho delictivo más de una seguidilla de los que allí se detallan dentro de la serie “Inseguridad”. Lo curioso que se instala una gran serie como “delitos en la capital” pero en realidad se nombran delitos ocurridos en ciertos barrios, en barrios acomodados de la capital federal y se excluyen los que ocurren en una gran cantidad de barrios porteños de menor poder adquisitivo. Entonces este, seria un crimen dentro de una mini serie de hechos en los barrios bien, enmarcados en una serie mayor que incluye a toda La Capital, como dice el subtítulo del artículo. Además de la cantidad de siniestros descriptos, la corta distancia que narra entre un hecho y otro también pueden resultar un síntoma de alarma para el lector, que entra en una especie de pánico moral, noción que Islas y Miguez retoman de Hall y que expresa no sólo aquellas tendencias objetivas reflejadas por las estadísticas, sino también está caracterizada por los esfuerzos de diversos actores, como los medios de comunicación, sectores políticos y expertos en seguridad, otorgan en significados que difunden en tendencias objetivas de la realidad; y en general, engrandecen los riesgos, promoviendo una sensación exagerada de ansiedad y temor en la población, lo cual por lo general se traduce en demandas o consensos en torno a políticas públicas represivas y restrictivas de las libertades. Con respecto a esto, al final del primer articulo describe que en las vidrieras de la parrilla había un cartel pegado, realizado por un grupo de vecinos que convocaban a una marcha por “Alfredo Marcenac” (el joven de 18 que murió por un tirador en Cabildo al 1700); y que alguien que estaba en el negocio agregó a ese mismo cartel la siguiente escritura: “Y por todas las victimas de la Inseguridad”.

2- Contextualización de la información. ¿Se reconocen motivos macro?

En lo que respecta a la cobertura realizada por el medio específicamente no se pone en duda en ningún momento quienes fueron los delincuentes, desde el primer momento se los nombra, se los reconoce y se los define, como: “jóvenes, menores, reincidentes, cebados, zarpados, chileno”. De este modo la información es contextualizada de modo estigmatizante, discriminatorio y xenofóbico con respecto a los delincuentes, en forma reiterada. Las primeras menciones que se realizan en alusión a los victimarios es:

“Tres delincuentes asaltaron en la medianoche un restaurante, ubicado en la avenida Forest al 1400 (…) la policía detuvo a los asaltantes, uno de ellos, menor y otro, reincidente”.

“¡Tirale, tirale! Grito el ladrón de 19 años, su cómplice de 17 disparo”.

Ahora bien, este tipo de contextualización tiene una impronta discriminatoria y xenofóbica en el modo que caracteriza a uno de los jóvenes por su nacionalidad, cuando se habla de uno de los detenidos se expresa como información destacable: “Jonathan Aníbal Toloza Inostroza, chileno, de 19 años”. Esta alusión a su nacionalidad se realiza cada vez que se lo nombra y en todas las notas seleccionadas y este modo de presentar la información acerca del victimario produce rápidamente en la sociedad la caracterización del delincuente con el “joven, pobre, extranjero y drogado”. Así se asocia a personas con estas caracteristicas a comportamientos criminales o desviantes, y se comienza a tener miedo a ciertos enclaves urbanos, se estigmatizan ciertos biotipos y sectores sociales y se demandan de políticas represivas.

Lo que más se remarca del hecho es la edad de los delincuentes. Este tema de la edad se sabe que es un debate siempre abierto en nuestro país a través de medios de comunicación que apoyan “la mano dura”, y que cuando ocurren estos hechos delictivos vuelve a ponerse en discusión, si se baja o se mantiene la edad de imputabilidad, y en el caso de que sean menores de edad, que se debe hacer. Es obvio que este discurso mediático sobre “la mano dura”, tiene una tendencia de fuentes oficialistas policiales y con un sector político, que entiende que para terminar con el tema de la delincuencia es importante imponer penas más largas y severas para los delincuentes. Este tipo de discursos informativos colaboran en la estigmatización del victimario, porque se arraiga fuertemente en el imaginario colectivo y no contempla la realidad sociopolítica en la que están insertas los victimarios.

Con respecto a las victimas se hace referencia a la zona geográfica donde vivian, el barrio de Colegiales, un barrio de clase media de gente trabajadora, y se los presenta como gente común, laburante de clase media urbana, las únicas referencias son a las familias de las victimas. Por lo tanto, se discrimina en tanto no se hace referencia o mención de motivos macro ni estructurales de la situación social de los involucrados en los crímenes. Como lo expresa Martín Iglesias, los medios, en este caso la línea editorial de La Nación, al tratar la violencia, la falta de seguridad, el incremento de la delincuencia sin contextos sociopolíticos, lo que hacen es hacer aparecer, a los sectores marginados, jóvenes como los responsables directos de la inseguridad en los barrios de la capital y esto lleva a un clima de hostigamiento, persecución de determinadas figuras preconstruidas y justifica las medidas que se cometen en contra de los mismos.

Otro punto destacable de la información es incluir en varias oportunidades en las crónicas la palabra “cebado” o “sacado”, acerca de la actitud de los victimarios al momento del asalto. Ya que esto permite a los lectores una construcción imaginaria de la figura del delincuente, poniéndole marcas, rasgos, estigmas, que discriminan y no aclaran nada sobre el crimen y que además en situaciones de pánico o temor social llevaría a identificar a estas personas con el delito.

3 - Tipificación de víctimas y victimarios.

Las victimas son presentadas como una familia normal, trabajadora de clase media, laburante, que vive la vida sin molestar a nadie. Se hace referencia a la composición entera del grupo familiar de Bareiro, los cuales son presentados como gente inocente que disfruta del cariño de la familia, sin conflictos, “gente como uno”.

Los victimarios en cambio, son representados con otro tipo de palabras, la única referencia a ellos es a través de palabras sueltas: “jóvenes, menores, reincidentes, cebados, chileno, delincuentes, ladrón, asesinos”.

Durante toda la cobertura está presente esta distinción permanente entre las victimas, gente de bien y los victimarios, gente de mal, inadaptados sociales. El relato versa en esta contraposición, en esta dicotomía del par: civilización/barbarie, los buenos contra los malos, que puede traducirse en los nativos civilizados contra los extranjeros (chilenos) bárbaros y salvajes.

El contraste se produce cuando se hace referencia a los victimarios del hecho, es notable como cambia el tono del enunciador, puede verse claramente en esta cita:

“Cuando faltaban diez minutos para la medianoche del martes, la familia estaba reunida en la parrilla Nacho s, de Forest 1399, que estaba cerrada al público. Eran más de 15 personas ubicadas en las mesas del fondo, contra la escalera, cubiertas de manteles rojos y amarillos. Estaba la hija de Almada, de 4 años, otro hijo de Bareiro, llamado Rubén, de 21, y otras mujeres y chicos”. De repente el relato sentimental y novelesco se corta para dar entrada a la irrupción de los maleantes: “Dos jóvenes, supuestamente el menor de 17 años y el de 19, entraron con pistolas en mano y exigieron a los gritos: "¡La plata! ¡Las billeteras! ¡Los celulares!" (…) el dueño de la parrilla bajó la escalera desde el baño. Bareiro se quedó helado. Uno de los ladrones lo empujó contra la pared y el otro lo azuzó: "¡Tirale, tirale!". El menor lo fusiló de un tiro en el pecho.

El relato que venía siguiendo un ritmo melancólico, deja de serlo y cambia de tono (con todas las exclamaciones que aparecen) para marcar una distancia a través de en la situación que vivían las victimas civilizadas y la posterior cuando entran en escena los delincuentes juveniles, denominados así por el diario, que no son gente, son criminales, bárbaros, inadaptados. Vuelve a ser notorio el uso de algunos estigmas que figuran como marcas comunes en los delincuentes, jóvenes, menores, sacados, o sea que realizan prácticas abusivas de alcohol y/o drogas, que expresa a través de la siguiente enunciación: la actitud de los delincuentes, que -según dice- estaban "muy cebados". Esto como mencioné anteriormente genera una suerte de paranoia dirigida a discriminar a las clases populares o personas pertenecientes a esta que posean estos rasgo, o como casos de aquellas personas que tienen adicciones y se los criminaliza por el consumo.

4- Lugar del Enunciador

El enunciador no es objetivo, no marca una distancia dentro del texto respecto del mensaje que está enviando. En el titulo el enunciador se ubica como voz de la problemática que aqueja a la población, en este caso la “Ola de inseguridad”, la cual puede verse en frases como:

- Inseguridad en la Capital: hechos cada vez más violentos”.

- “Este doble crimen se suma a robos violentos en la Capital que terminaron en asesinatos”.

- "Y por todas las víctimas de la inseguridad".

- "Espero que se haga justicia".

A través de estas enunciaciones el diario se ubica del lado de las victimas y lejos de los delincuentes. Si bien hay pedidos de justicia por parte de la Familia Bareiro (“Lo que espero es que se haga justicia y que cumplan la condena que tengan que cumplir"). y ciertas críticas a los jueces que liberaron a Jonatan Inostroza ("Yo creo que los jueces no mataron a mi hermano y a mi viejo, pero tienen una gran cuota de responsabilidad, si los jueces liberan a una persona con una fianza de 400 pesos, por qué no investigaron de donde salió esa plata, si era delincuente es muy fácil que haya salido a robar para pagarla."), no hay un pedido explicito por parte de los familiares de la pena de muerte. Sin embargo el Diario a partir de su línea editorial, caracterizada por la “defensa del orden público” y la “lucha contra la delincuencia” dentro de la “ola de inseguridad” pone en debate este tema así como la edad de imputabilidad de los menores a través de toda la cobertura. De hecho el titulo de una de las notas es “Condenado por matar cuando era menor”, celebrando que le hayan dado la pena de 25 años de prisión por un delito que cometió cuando tenía 17 años. Desde el principio se hace referencia a que eran “reincidentes”, y se critica a los jueces que lo habían dejado en libertad, ya que si estaría encerrado se habría evitado este hecho.

Como lo expresa Sandra Gayol y Gustavo Kessler, el uso de los distintos dispositivos de enunciación: políticos, jueces, policía, opinión pública tienden a diferenciar entre un uso razonable y un uso excesivo de la fuerza. Hay un imaginario legitimador de prácticas violentas durante la cobertura de la noticia, así la acción de los delincuentes es vista como homicidio y la persecución policial a los tiros por toda la capital está legitimada por el medio. De este modo la persecución y represión policial es legitimada bajo el justificativo de la “lucha contra el crimen”. En el pie de la crónica puede verse las notas relacionadas con esta noticia, en este caso puede leerse:

Por todas estas referencias es un enunciador subjetivo el que relata la situación, constantemente asume una postura de los damnificados, así el medio se convierte en el portavoz oficial de lo que les sucede a los que viven victimas de la inseguridad.

5 - Construcción del ámbito criminal, naturaleza del crimen y de los criminales.

Durante la cobertura se realiza la descripción del lugar de la tragedia al que se describe como el restaurante Nacho´s, ubicado en la calle Forest al 1400, una parrillita sencilla en el barrio tranquilo de Colegiales. La narración del sitio de la tragedia se realiza de modo coloquial, la familia reunida alrededor de la mesa, en un ambiente ameno, agradable, de fiesta, de celebración, hasta que de repente se produce la irrupción de los inadaptados, drogados o alcoholizados, salvajes, bárbaros, portando armas, asaltando a los presentes a punta de pistola, robando celulares, billeteras, atracando la caja, gritando y baleando a aquel que le ofreciera resistencia. Esta es la construcción del escenario del crimen que realiza el diario. Lo que reitera es que las personas se encontraban en lugar público que para la ocasión estaba cerrado al público y que de repente fueron atacadas. En esta enunciación también hay un imaginario socialmente aceptado y es el de “el monstruo de la inseguridad”, el hecho de estar disfrutando determinada situación y que se produzca un acontecimiento inesperado, ser asaltado o abordado por cualquiera, por lo general anormales, salvajes, monstruos. Así, a través de esta dramatización y espectacularización de la información, los medios de comunicación se convierten en los arquitectos del miedo y del fantasma de la inseguridad.

6- Construcción del verosímil.

El verosímil es construido de modo diversificado, por un lado se citan fuentes oficiales como la policía y fuentes judiciales, además aparecen figuras institucaionales como el ministro del interior, Aníbal Fernández y especialistas que opininan sobre criminalidad. Por otro lado se encuentran las voces de familiares (el hijo y el hermano de las victimas, Rubén Bareiro y la viuda y madre de las victimas, Margarita Torres), además de vecinos del barrio de colegiales. Otra estrategia de la construcción del verosimil es la narración que realiza el enunciador en detalle de lo que ocurre en la escena del crimen:

“Vestido de mozo, con su indumentaria de trabajo habitual, Rubén Bareiro había decidido esa noche agasajar a Jorge, su medio hermano mayor, que festejaba junto a familiares y amigos su cumpleaños número 26.”

“Rubén junto con su medio hermano mayor, Jorge Diego Almada; su padre, Ignacio Bareiro, y un grupo de entre 15 y 20 familiares y amigos se encontraban reunidos en el restaurante Nacho s, en la avenida Forest y Zárraga,..”.

Dos jóvenes, supuestamente el menor de 17 años y el de 19, entraron con pistolas en mano y exigieron a los gritos: "¡La plata! ¡Las billeteras! ¡Los celulares!". Todo duró pocos minutos. Cuando se convencieron de que no había dinero en la caja y se conformaron con 200 pesos que les sacaron a los invitados, el dueño de la parrilla bajó la escalera desde el baño. Bareiro se quedó helado. Uno de los ladrones lo empujó contra la pared y el otro lo azuzó: "¡Tirale, tirale!". El menor lo fusiló de un tiro en el pecho.

El texto es acompañado por una fotografía del restaurante Nacho´s, lugar de la tragedia, además en una de las noticias hay un mapa que muestra el barrio de colegiales y marca específicamente las calles donde está ubicado dicho restaurante. Hay otras fotografías que ilustran el texto que son de las dos victimas, Ignacio Barreiro y Jorge Almada, ambos en distintas fotografías son acompañados por su nieta de 4 años.

7- Caracterización de la ley. Evaluación del medio sobre el accionar policial

En esta cobertura, se califica el accionar policial y de las autoridades involucradas en el caso como especializadas, capacitados y autorizados para llevar adelante las acciones. Respecto al accionar de la fuerza policial, La Nación destaca y legitima su procedimiento:

“Los ladrones huyeron, pero la policía ya había sido alertada del tiroteo. Un patrullero llegó a la parrilla y un testigo describió el auto en el que se habían escapado los delincuentes. Así patrulleros de la comisarías 37a. y 39a. "peinaron" la zona en busca del taxi. Lo ubicaron y persiguieron a los tiros por Álvarez Thomas hasta que se internaron en las intrincadas calles de Parque Chas. Tomaron por Urdininea y al llegar a Ballivián, quedaron atrapados por media docena de patrulleros. Los policías detuvieron a los dos jóvenes que ocupaban el asiento trasero del taxi y al conductor.

Así el accionar de los policías se legitima, se justifica a partir del cliche tan instalado como es “la lucha contra el crimen”, sus prácticas violentas no son revisadas ni cuestionadas por el medio, que se justifica a través de un “uso razonable de la violencia”.

Si bien en un primer momento se critica a los jueces por dejar libre a los menores bajo fianza después, de la renuncia de uno y el enjuiciamiento del otro juez por este tema, se recalca el buen accionar de la justicia al condenar a los acusados a reclusión perpetúa, en palabras de Margarita Torres, viuda y madre de las victimas:

"Este fallo demuestra que cuando los jueces y la policía trabajan bien se puede hacer justicia".

De esta manera, puede verse que la ley fue caracterizada también como siendo portada por los familiares y vecinos, el reclamo es legitimo porque se entiende como el reclamo del pueblo, de ciudadanos libres y honestos contra los asesinos y criminales.

Reflexión personal

Como pudimos ver, durante la cobertura que realiza el Diario La Nación hay una fuerte estigmatización y discriminación de los victimarios, como personas salvajes, brutales, a través de las figuras de dos jóvenes de bajos recursos, presentados como menores que estando drogados o alcoholizados, o fuera de sí y no encuentran nada mejor que hacer que salir a robar y asesinar. Así, las noticias que unen droga, inseguridad y delincuencia, se imponen en el discurso contra el delito. A la vez construyen el estereotipo contrario, el de las victimas: el de la familia feliz, alrededor de las mesa, celebrando la vida. Esta contradicción trae a la escena la dicotomía del par civilización/barbarie, hombre/naturaleza. Este pensamiento produce la simplificación total de los hechos y de las realidades sociales y complejas, bajo el rótulo de Inseguridad, deriva en focalizaciones parciales del delito y la violencia, como lo menciona Martín Iglesias, el conflicto se simplifica y el discurso del orden y de la mano dura se manifiesta con toda su fuerza. Los principales destinatarios de este discurso serian los sospechosos de siempre: los pobres, marginados, jóvenes, adictos y extranjeros, conformando un imaginario que se instala rápidamente en la sociedad, llevando identificación de delincuentes por estas características y justificando las políticas represivas del estado contra los más carenciados.

Está claro que la violencia delictiva no puede entenderse desvinculada de procesos políticos, económicos y culturales que contienen sus propias formas interrelacionadas de violencia. Como expresan los autores de esta unidad “Violencia y Delito”, comprender la violencia obliga también a estudiar los substratos políticos, económicos y sociales sobre los que se asientan, y además el funcionamiento de algunas instituciones estatales y de los discursos mediáticos que a través de discursos tomados de fuentes oficiales o políticas con intereses particulares, generan visiones distorsionadas de la realidad o incompletas.

Bibliografía Consultada

  • Isla, Alejandro y Míguez, Daniel (2003): “De las violencias y sus modos. Introducción” y “Conclusiones: El Estado y la Violencia Urbana. Problemas de Legitimidad y Legalidad”. En Isla, A. y Míguez, D. (coord.): Heridas urbanas. Violencia delictiva y transformaciones sociales en los noventa. Buenos Aires, Editorial De las Ciencias.

  • Iglesias, Martín (2005): “Unidad temática: delincuencia urbana-inseguridad”. En Mediados. Sentidos sociales y sociedad a partir de los medios masivos de comunicación. Cuaderno de Trabajo Nº 57. Buenos Aires, Ediciones del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.

  • Gayol, Sandra y Kressler, Gustavo (2002): “Introducción”. En Gayol, S. y Kessler G. (comps.): Violencia, Delito y Justicias en Argentina. Buenos Aires, Manantial.

Violencia, Medios de Comunicación y Guerra, por Mariana Ortega

Para abordar las temáticas de la Unidad II, “Violencia y Sociedad”, trabajaré con un artículo periodístico sobre la guerra en Irak, o mejor dicho sobre la guerra de EEUU contra Irak, el cual me provee de material para tratar esta problemática desde los textos vistos en clase. Dicho articulo, se tituló: “Obama anunciará hoy el fin de la guerra en Irak”, y fue publicado el 31 de agosto de 2010, por el periódico matutino La Mañana de Neuquén. En el mismo, anexado al final del ensayo, hace referencia en un par de párrafos al presunto retiro de las tropas de Estados Unidos en Irak y refieren de manera acotada los motivos de la invasión y de su finalización.

Como bien sabemos, los medios de comunicación basan buena parte de su información de noticias sobre los conflictos internacionales que suceden en todo el mundo. Tal como lo plantea Carlos Zeller la Guerra, es un tema central de la información periodística, ya que como en todo conflicto, los actores se enfrentan por intereses económicos, políticos y/o geográficos. Sin embargo, la forma en que los medios abordan esta problemática, no siempre se caracteriza por la intención de informar, en muchas ocasiones sólo buscan el alto impacto en la audiencia y la venta a través de la formación de una opinión y de una realidad meramente construida y muchas veces falseada, como se especifica en el articulo periodístico, respecto de las ideas al iniciar el combate bélico, titulado “Operación Libertad para Irak”, en el 2003: “la guerra en Irak, buscó derrocar a Saddam Hussein, restituir la democracia y destruir las armas de destrucción masiva que eran entregadas a los terroristas”. Esta justificación que se utilizó para invadir un país, posteriormente se mostró como falsa. Se comprobó que no existían las pretendidas armas de destrucción masiva, ya que luego de la invasión, el Grupo de Investigación en Irak llegó a la conclusión de que Irak había terminado sus programas para desarrollar dichas armas en 1991. Además, la muerte del líder iraki Saddam Hussein, viene a ser justificada por los Estados Unidos, ya que según ellos él habría cooperado para la realización del atentado a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001. Sin embargo, no pudieron hallar pruebas de que existiera una relación de cooperación entre Saddam Hussein y Al Qaeda. Los medios de comunicación difundieron primero todas estas noticias como reales, verdaderas y después, pasado el tiempo sin hallar pruebas, tuvieron que desdecirse. Como menciona Penalva, en la guerra, a través de la propaganda como el medio más eficaz para legitimar la violencia, se difunde una versión parcial de la realidad y el falseamiento de la misma, ya que aparte de estas versiones falsas, Estados Unidos también justifico su invasión a partir de las siguientes afirmaciones: el apoyo financiero de Irak para las familias de terroristas suicidas palestinos, violaciones de los derechos humanos por parte del gobierno iraquí y propagación de la democracia. Para la difusión de estas versiones, los gobiernos, en este caso el de EEUU, disponen de medios afines y silencian a los medios opositores. Dice Penalva que “la propaganda es un viejo recurso que funciona actualizándose sobre nuevos enemigos para justificar intervenciones en todo el planeta”. Además del consentimiento de la población, también se consigue su activa participación en la lucha, como señala el artículo “participaron más de un millón de uniformados estadounidenses”. Sin embargo, el artículo omite cuantos soldados irakies participaron del conflicto, cuantos civiles fueron muertos y cuantos uniformados estadounidenses perecieron en el campo de batalla. Esto nos proporciona sólo una versión parcial de dicho conflicto. Tampoco se explican las verdaderas raíces del conflicto ni las relaciones que históricamente se desarrollaron entre oriente y occidente que en muchos casos se encuentran en la pobreza, la desigualdad y la marginalidad.

Como se viene sosteniendo los gobiernos necesitan crear una imagen negativa del adversario, desmoralizarlo, y los medios de comunicación cumplen a la perfección esta tarea. Para lo cual muchas veces, exageran la amenaza real que determinados clases sociales o grupos “delincuentes/ terroristas”, tienen para la sociedad, generando preocupación y muchas veces pánico, viendo en el “otro”, distinto a uno, un enemigo racial, potentemente destructor y asesino. La información disponible refuerza los estereotipos occidentales y desvía la atención del público hacia las manifestaciones más impactantes del conflicto. Esto lleva a demandas sociales que exigen al poder establecido protección, como son las demandas en nuestro país y en cualquier otro, bajo el rotulo de “mayor Seguridad”. En el caso de la guerra en Irak, se podía ver claramente cómo luego del atentado a las Torres Gemelas, la sociedad en general sentía un importante temor a cualquier individuo perteneciente al Islam. Ya que los medios locales de EEUU o la mayoría de los medios de occidente en general, exacerbaban las diferencias étnicas. Sin embargo, no todos los terroristas son musulmanes ni todos los musulmanes son terroristas. Esto lleva como dice Penalva a caracterizar los conflictos como puramente étnicos. El autor, señala que el etiquetamiento es unos de los principales recursos de la persuasión y de la violencia cultural. Esto sucede con frecuencia dada una visión parcial y estereotipos creados por los medios de comunicación, que degeneran y distorsionan la realidad. Como señala G. Gerbner, desde la guerra civil, los antagonismos de clase, expresados en términos raciales, sexuales e incluso religiosos, dominaron los conflictos en Estados Unidos. Los medios de comunicación fueron utilizados por el gobierno para crear y promocionar una imagen del adversario afín con su campaña belicista.

Panalva, aporta a esta problemática el planteo de la violencia representada y de la sobrerrepresentación de la violencia difundida a través de los medios. Dice que en este tipo de coberturas se habla más de la violencia generada en el campo de batalla que de la resolución de dichos conflictos, y dice que si se tiene en cuenta que muchas veces los conflictos se resuelven de modo no violento se deduce que en los medios se produce una sobre-representación de la violencia. También lo menciona G. Gerbner cuando asegura que hay pocos estudios sobre la atención que presta la prensa a las cuestiones de la paz y la guerra.

Los autores explican que esto sucede porque así lo exige la mercantilización de la información, por la búsqueda de una respuesta emocional del público a través de la preferencia por las imágenes violentas bajo la dictadura del tiempo real. Esto pude verse claramente en este conflicto en la ejecución del líder Saddam Hussein y la exhibición reiterada de su cadáver en los noticieros y en todas las portadas de los diarios del mundo. Lo mismo ocurre cuando algún medio (noticiero o periódico) publica imágenes de los desastres que producen las guerras en la sociedad civil o lo que dejó la guerra, como enfermedades, síndromes y discapacidades. Es lo que Penalva denomina “Efecto CNN”, la apelación al “humanitarismo”, la preferencia en la inmediatez de la imagen, el afán de los medios de comunicación por buscar y mostrar imágenes de alto impacto, cuando en la realidad, la imagen sola no es capaz de explicar las raíces económicas, sociopolíticas y culturales de los conflictos bélicos. Estas situaciones reiteradas por los medios, llevan a distorsiones que privan al conocimiento del ciudadano del contexto y en la que los destinatarios sólo se quedan con la imagen de las sociedades irracionales y con el sentimiento humanitario de compasión por las victimas. Esto también es usado por los gobiernos enfrentados para desligar responsabilidades y ganar adeptos a sus posturas, consiguiendo el apoyo de los ciudadanos y aliados de otros países.

Si bien es verdad que hoy existe una mayor conciencia en la población en general, acerca del conocimiento de derechos y libertades de los ciudadanos y de las resoluciones pacificas de los conflictos, no se puede negar que la manipulación desde los medios de comunicación también existe, y que hay enormes intereses políticos y económicos detrás de estos poderosos aparatos ideológicos, mucho más aún cuando se debaten intensos intereses como los yacimientos petrolíferos que posee el país de Irak. Los autores abordados opinan desde distintos lugares que en la guerra el análisis que realiza el periodismo es incompleto e inconsistente, dominados por la lógica comercial de la oferta y la demanda, están más atentos al foco del conflicto, que a la resolución de problemas. Lo que se plantea acá es que lugar deben ocupar y que función deben cumplir periodistas y medios de comunicación. Sin intentar ir demasiado lejos acerca de la ética periodística, opino que en cuanto a la función del periodismo que considera a la sociedad constituida por ciudadanos merecedores de información completa, veraz y adecuada sobre estas problemáticas, sostengo que como profesionales deben alejarse de la inmediatez de la imagen, de la dictadura del tiempo real, de la mercantilización de la información y de vez en cuando atender las dimensiones ausentes de la noticia, porque tal vez ahí se encuentre la explicación o por lo menos algunas causas que llevan a ese modo de enfrentamiento, más cercano a problemas estructurales como la pobreza, la exclusión y la desigualdad de las poblaciones afectadas.

Bibliografía Consultada

Penalva, Clemente (2002): “El tratamiento de la violencia en los medios de comunicación”.Alternativas. Cuadernos de Trabajo Social, nº 10, pp. 395-412.

Gerbner, George (1990). La violencia y el terror en los medios de comunicación de Masas (fragmento). París, UNESCO.

Zeller, Carlos (2007) “La representación periodística de la violencia y de la desigualdad social”. En www.portalcomunicación.com

http://www.lmneuquen.com.ar/noticias/2010/8/31/81584.php

Violencia en las Escuelas de Argentina, por Mariana Ortega

Para desarrollar la consigna de trabajo, tomaré como corpus textual un artículo del diario Clarín, publicado con fecha del 30 de noviembre de 2008, titulado: “Crecen en el país las denuncias por discriminación en las Escuelas” (el cual figura anexado). Lo utilizaré para desarrollar el tema de la violencia simbólica y la violencia moral, cuestión central de la unidad I, a la que haré referencia.

En el citado artículo se puede ver claramente un panorama acerca de la magnitud y forma que cobra la violencia escolar y su relación con otras categorías (racial, étnica, de clase, regional y nacional). Es importante destacar que este tipo de violencia denominada violencia simbólica en palabras de Bourdieu es definida del siguiente modo: “todo poder de violencia simbólica, o sea, todo poder que logra imponer significaciones e imponerlas como legitimas disimulando las relaciones de fuerza en que se funda su propia fuerza, añade su fuerza propia, es decir, propiamente simbólica a esas relaciones de fuerza” (Pág. 289). Retomo este texto porque es Bourdieu, quien ve que las relaciones sociales se caracterizan por desigualdad, y que sin embargo esas relaciones son reproducidas sin mediar resistencia, en el ámbito educativo justamente se aprecia esta desigualdad con un carácter legítimo que asegura su reproducción.

Como lo expresa la autora, Alicia B. Gutiérrez, para comprender el concepto de Violencia simbólica de Bourdieu, es necesario abordar otras nociones fundamentales que son: poder, habitus y representaciones. Según lo explica la autora en su teoría Bourdieu sostiene que el poder es constitutivo de la sociedad, que existe en las cosas y en los cuerpos, en los campos y en los habitus, en las instituciones y en los cerebros; por lo tanto tiene una dimensión física y otra simbólica. De Marx, tomó que la realidad social es un conjunto de relaciones de fuerza históricamente en lucha unas con otras, y de Weber, que la realidad es también un conjunto de relaciones de sentido, y que toda dominación social debe ser reconocida, aceptada como legitima, o sea, tomar un sentido positivo, para que los dominados adhieran al principio de su dominación y se sientan solidarios con los dominantes en un mismo consenso sobre el orden establecido (Pág. 292). Entonces para el autor esta violencia simbólica que se ejerce sobre los dominados es ejercida con su complicidad. Bourdieu encuentra que esas relaciones de dominación se perpetúan, que no son resistidas, sino que son naturalizadas, busca el mecanismo de reproducción y encuentra que donde se perpetúan es en el ámbito educativo, es aquel poder que no es cuestionado, discutido, sino que su legitimidad asegura su reproducción. Esto ocurre a través de un habitus, el cual define como “sistemas de disposiciones duraderas y transferibles, estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes, es decir, como principios generadores y organizadores de prácticas…” (Pág. 293).El habitus es lo que absorbimos del orden social, estructuras estructuradas capaz de estructurar. Son esquemas generadores y organizadores de prácticas, por medio de él, el individuo internaliza lo externo y al hacerlo viene con una carga en la relación de dominado-dominante, una relación de poder del más fuerte sobre el más débil. Este principio permite que la gente estructure prácticas y también representaciones del mundo, de lo que está bien, de lo que está mal, de lo pensable, de lo impensable, y de lo posible.

A través de la violencia simbólica que oculta las relaciones de poder, y su reproducción de conocimientos y valores, a través de instituciones como la escuela, los educadores transmiten esquemas de percepción que sólo permite analizar el mundo a través de clasificaciones tomadas como universales y legítimas, que son naturalizadas. En el citado caso del artículo, se evidencia como ciertos maestros, profesores o autoridades de instituciones educativas ejercen cotidianamente conductas abiertas o sutilmente violentas. En este artículo se hace uso de la violencia verbal y física, se distinguen conductas xenofóbicas, como le ocurre a un chico peruano que sufre agresiones físicas solo por su nacionalidad y racismo a un niño de religión judía. También trato humillante y palabras hirientes a un alumno por ser talla grande, discriminación por su contextura física y además a algunos que padecen enfermedades. Otro ejemplo que puede citarse del texto es como se ejerce violencia con ciertas identidades urbanas, en este caso a un estudiante que pertenece a la tribu urbana identificada como “Emo” le piden cortarse el pelo. También se identifica en el artículo el uso de burlas y desprestigios hacia aquellos estudiantes que padecen pobreza o no tienen recursos como el resto (alumnos discriminados porque sus padres son desempleados, por no tener teléfono, etc.).

Según relata el texto las denuncias versan en los siguientes temas: por ideología, origen migratorio, diversidad sexual, edad, aspecto físico, condición social, diversidad religiosa y discapacidad.

Muchas veces ocurre que es difícil identificar este tipo de violencia, porque puede ejercerse en formas sutiles o estar naturalizadas a través de las costumbres y la cotidianidad. Estas formas de agresión que tienen consecuencias psicológicas en las victimas, con frecuencia quedan silenciadas porque no necesariamente dejan marcas en el cuerpo. Como lo expresa Rita Segato en su Ensayo sobre la Violencia de Género, donde hace referencia a este tipo de violencia “… cuanto más disimulada y sutil sea esta violencia, mayor será su eficacia…” (Pág. 107). La autora explica que el termino violencia psicológica es difuso y posee un universo amplio, por eso utilizará el de violencia moral, para referirse al conjunto de mecanismos legitimados por la costumbre para garantizar el mantenimiento de los estatus relativos entre los términos de género. Estos también operan en otros órdenes, como el racial, étnico, de clase, regional y nacional. Esta antropóloga, hace hincapié en la violencia moral, como lo expresa en su texto es todo aquello que envuelve agresión emocional, aunque no sea ni consiente ni deliberada. Entran aquí la ridiculización, la coacción moral, la sospecha, la intimidación, la condenación de la sexualidad, la desvalorización cotidiana de la mujer como persona, de su personalidad y sus trazos psicológicos, de su cuerpo, de sus capacidades intelectuales, de su trabajo, de su valor moral. (Pág. 115) A continuación aclara la autora que este tipo de violencia puede ocurrir muchas veces sin agresión verbal, manifestándose con gestos, actitudes y miradas.

Este tipo de violencia es recibida justamente en un ambiente donde los chicos y jóvenes supuestamente deberían recibir contención en todos los aspectos, incluso el emocional, para fortalecer actitudes y poder desarrollar capacidades como personas en un espacio de reconocimiento con sus pares. Pero ocurre todo lo contario, lejos de esto, los niños son violentados de distintos modos: por su apariencia física, por su religión, por sus discapacidades, por tener menos que los demás, por no pertenecer a la misma clase social, por tener una identidad distinta, etc. Estos como menciona el articulo son algunos de los actos descriptos.

Retomando a la autora Rosa Del Olmo, quien expresa que en muchas oportunidades en los noticieros y diarios salen noticias en su portada sobre artículos sobre la violencia urbana, centrada en la delincuencia y la criminalidad, sin embargo pocas veces se hace referencia a estos episodios, aunque ocurran con mayor frecuencia que otros. Por ende, hay temas que deben ser de debate público y no lo son porque los que están en la agenda de los medios son otros, como la autora lo expresa, “la fuente de máximo alcance la constituyen los medios de comunicación”, estos deberían tomar la responsabilidad de incluir en su agenda este tipo de problemática.

Además, deberían existir en nuestro país, estudios específicos acerca de este tipo de violencia ejercida en los establecimientos educativos a niños y jóvenes que sufren estos padecimientos y buscar sus causas para intentar revertirla. También como menciona Rita Segato hacía el final del texto, que es sumamente necesaria la producción de campañas de difusión que pongan en circulación en el público infantil y juvenil representaciones para facilitar el reconocimiento de la violencia, y de este modo, evitar que siga sucediendo, sobre todo cuando son niños y muchas veces les es más difícil expresar este tipo de situaciones. Así como también es necesario que dichas instituciones tomen un rol más activo en estos acontecimientos.

Bibliografía consultada:

· Gutiérrez, Alicia (2004): “Poder, habitus y representaciones: recorrido por el concepto de violencia simbólica en Pierre Bourdieu”. En Revista Complutense de Educación, vol. 15, numero 1; 289-300.

· Segato, Rita Laura (2003): “La amargasa jerárquica: violencia moral, reproducción del mundo y la eficacia simbólica del Derecho”. En las Estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes.

· Del Olmo, Rosa (2002): “Ciudades duras y violencia urbana”. En Revista Nueva Sociedad, Caracas.

· Nota del Diario Clarín:

http://edant.clarin.com/diario/2008/11/30/sociedad/s-01813033.htm.

A LAS NIÑAS BUENAS TAMBIÉN LES PASAN COSAS MALAS. EL CRIMEN DE LUCILA YACONIS Y LA CONSTRUCCIÓN MEDIÁTICA DEL PELIGRO, por Julián Lucero

Para este trabajo se tomó el caso del intento de violación y asesinato, en Núñez, de Lucila Yaconis, una joven de 16 años que sufrió estos ataques a fines de abril del 2003. Esta noticia en particular fue seleccionada ya que supuso una amplia cobertura mediática. Pero el punto más interesante de elegir esta noticia fue que lo sucedido a Yaconis se convirtió en un caso, en términos de Ford. Hay casos individuales que provocan, según el autor, una masa de discusión pública mayor que otras temáticas propuestas desde las instituciones oficiales. El caso tratado mediáticamente tiene un nivel ejemplar. Tomando un hecho o suceso individual o microsocial, el medio lo construye narrativamente y lo utiliza como punto de partida para realizar generalizaciones o definiciones de lo macrosocial. Es decir, recurre a un método inductivo y consolida o instala imaginarios sociales que hacen y moldean a la convivencia ciudadana.

Si bien el caso Yaconis no tuvo el nivel de narrativización e impacto que tuvieron casos como los de María Soledad Morales o Carrasco, sí tuvo una profusa cobertura que sigue vigente hasta la actualidad y se tomó como exemplum de una realidad cotidiana que viven los vecinos de los barrios de Núñez o Belgrano. En diversas notas sobre otros hechos de violación, el caso Yaconis reaparecía como referencia obligada y como puntal principal para narrar la “inseguridad de todos los días”.

El corpus elegido abarca noticias desde el año 2003 hasta el 2011. Se eligieron las noticias producidas en los primeros días posteriores al hecho y luego se tomaron notas que aparecieron en años sucesivos para dar cuenta del impacto que produjo el caso y de su instalación en el imaginario colectivo. Además, esta breve y quizás asistemática revisión, puede ser una vía para analizar qué tipo de reflexiones suscita un hecho como este y si con los años, estas se alteran o se mantienen impertérritas. Como dato final cabe resaltar que todas las noticias fueron extraídas del diario Clarín.

El análisis se hará siguiendo el siguiente cuestionario y respondiendo punto por punto para hacer la exposición lo más clara y precisa posible.

CUESTIONARIO GUÍA

1- Tema. ¿Se inscribe el delito en alguna serie? ¿En cuál?

El tema general de las notas analizadas es la inseguridad. Si bien se trata de hechos de violaciones y ataques sexuales a mujeres, los mismos son tratados como más ejemplos de la falta de seguridad cotidiana que padecen los ciudadanos de la ciudad de Buenos Aires. En el caso específico de Lucila Yaconis, el suceso no se inscribió en una serie definida, sino que se lo presentó como “un caso más”. Es destacable un pasaje de la nota del 27 de abril de 2003, titulada UNA CHICA SOÑADORA QUE QUERÍA SER ESTRELLA DE TV. El mismo es una cita que hace la redactora de algo expresado por la madre de la víctima:

En esa época a las nenas las criábamos entre todos, porque las madres mirábamos por la ventana. A un lado y al otro de la calle, las madres nos asomábamos por las ventanas para cuidar a todos los chicos. Era un barrio solidario. Desde que empezó la inseguridad, se terminó la silla o la reposera en la vereda” (el remarcado es nuestro)

Lo notable de este pequeño pasaje es que justamente refiere a la instalación de cierto imaginario social en torno a la inseguridad: esta empieza en un momento. Plantearlo de este modo implica la suposición de que antes de ese momento iniciático, no había inseguridad. El crimen de Lucila Yaconis se dio en el marco sociohistórico en el que la inseguridad ya había empezado y cuando ya no se podía estar con tranquilidad en la vereda o caminando por la calle.

Ahora bien, como se adelantó, el asesinato de Yaconis puede tomarse como un ejemplo de lo que Ford trabaja en su texto sobre la exasperación del caso. Así, el caso Yaconis fue el inicio de una serie. Entonces, el asesinato de la chica no estuvo inserto en ninguna serie en particular, sino que se lo acentuó como un hecho más de inseguridad. Pero en los días posteriores, este caso sirvió como referencia para sucesos similares, los que fueron encuadrados en la serie iniciada por el caso Yaconis. Como ejemplo de esto pueden citarse las notas ESTÁ GRAVE UNA CHICA DE 17 AÑOS A LA QUE VIOLARON EN COGHLAN (publicada el 28 de junio de 2003); NO PARAN LOS ATAQUES SEXUALES EN LA ZONA DONDE MATARON A LUCILA YACONIS (presente en la edición del 18 de agosto de 2003); OTRA VIOLACIÓN, ESTA VEZ EN EL LÍMITE DE CAPITAL Y VICENTE LÓPEZ (del 1° de septiembre de 2003). En estas tres notas se hacen referencias a nuevos casos de violación junto a las vías del ferrocarril y en la zona de Núñez. El caso Yaconis se toma como punto de partida y, a partir de él, Clarín puede decir que no paran los ataques sexuales. Además de estas notas sobre hechos particulares, el caso también movilizó editoriales y notas de opinión en el diario. Retomando a Chejter, se puede decir que lo nuevo en las noticias sobre violación es el hecho de dar cuenta de un nuevo episodio reciente, que se agrega y suma a los ya conocidos, serializando los acontecimientos y consolidando lógicas agregativas que poco hacen para el estudio profundo de las causas y estructuras sociales que sustentan dichos hechos.

Como breve conclusión, el asesinato de la joven de 16 años no se inscribió en una serie peculiar, pero sí fue un caso que dio inicio a una serie, la de los delitos sexuales al borde de las vías del tren.

2- Contextualización de la información. ¿Se reconocen motivos macro?

Como se mencionó, la información de lo sucedido con Yaconis fue analizada como un caso más de inseguridad. Esto implicó que no hubo contextualización alguna en esta noticia. El intento de violación y posterior asesinato fueron presentados como hechos aberrantes, producidos en un contexto social hegemonizado por el miedo y la inseguridad. Este tipo de tratamiento impide todo reconocimiento de motivos macro o de análisis de estructuras socioculturales que pudiesen servir como guías para entender los fenómenos de violencia de género. Pereyra define, retomando las propuestas de Ariznabarreta, a la violencia de género como “todo acto violento basado en la pertenencia al sexo femenino que tiene como resultado un sufrimiento físico, sexual y/o psicológico”. Esta definición amplia permite poner en el centro de la escena el rol principal que juegan el género de los victimarios y el género de las víctimas para entender este tipo de violencia.

Es destacable la continuidad de ciertas conclusiones expuestas en el trabajo de Pereyra sobre el caso de Nora Dalmasso y el de Yaconis. En ese texto, el autor afirma que la violencia contra las mujeres pierde su peso específico al ser reducida a hechos aislados que promueven coberturas espasmódicas. En su análisis del caso Dalmasso, afirma que en toda la cobertura trabajada no hubo nunca una reflexión sobre la violencia de género como una cuestión social. La violencia de género se trata como un crimen más, sentencia el autor. Esto se replica exactamente en el caso de Yaconis y en la serie que este desencadenó. Dice Chejter: “Al tamizar la noticia de violación, pensada como hecho morboso y como concesión al gusto del pueblo ávido de sensaciones, los diarios ‘serios’ muestran cuál es la concepción que prevalece en la emisión y construcción de la noticia de violación, asimilándola como igual e indiferenciada de las demás noticias policiales”.

El ataque sexual y el asesinato fueron acentuados como crímenes cotidianos y la noticia más cercana a un análisis en profundidad, fue el editorial del diario, del 3 de julio de 2003, titulado LA VIOLENCIA SEXUAL CONTRA LAS MUJERES. Si bien en el primer párrafo del editorial se menciona la “compleja trama cultural” que rodea a esta violencia, no hay un análisis estructural de la violencia de género. En este editorial, voz oficial e ideológica del medio, se circunscribe los problemas de violencia contra la mujer a los hechos de violación. De esta manera, en el concepto de violencia contra las mujeres, no se inscriben las prácticas cotidianas de maltrato, agresión moral y psicológica que sufren las mujeres en una sociedad regida por principios patriarcales.

3- Tipificación de víctimas y victimarios. ¿Cuáles son los rasgos predominantes?

En el caso de Lucila Yaconis, la víctima fue tipificada como una joven inocente, soñadora, buena chica y estudiante. Algunas de las frases que describieron a la adolescente fueron:

A Lucila sólo había que conocerla un poco para darse cuenta qué tipo de persona era: dulce, recatada, suave, educada” (23/04/03); “Era buena alumna, aplicada y bastante tranquila” (23/04/03); “[Lucila y su hermana mayor] Eran tan saludables —dice Isabel [la madre]— que en la casa no entraba ni un cigarrillo” (27/04/03).

En un fragmento de la nota del 27/04/03, en la que se describe la vida cotidiana de Lucila antes de lo ocurrido, se dice lo siguiente:

“(…) camina rápido la cuadra que le queda hasta el paso a nivel de Comodoro Rivadavia y Paroissien, el mismo que cruza cada día para llegar a su casa. No es tarde: son las siete menos cuarto, pero ya está oscuro. Lucila Yaconis no tiene miedo, o más bien, aprendió a convivir con el miedo

Estas breves citas dan cuenta de la construcción y tipificación que se hizo de la víctima. Es necesario resaltar la referencia al miedo y a cómo Lucila aprendió a convivir con él. El miedo ha sido materia densa de análisis y pensamiento. Friedrich Engels sostenía que la esencia del Estado y de la religión es el miedo que la humanidad se infunde a sí misma. En su interesante libro “Miedo y sociedad”, Carlo Mongardini sostiene que el miedo puede responder a peligros reales o imaginarios y que es un concepto clave en su vinculación con la sociedad y la socialización. El miedo produce sociedad, dice el autor. Produce las condiciones para crear determinado tipo de asociación. De esta manera, el miedo deja de ser una mera emoción instintiva (si es que estas existen) y pasa a ser un campo de disputa, de lucha y de actuación ideológica. Está cargado de significaciones y es una institución sociohistórica. Por esto mismo, el miedo puede tomarse como instrumento de control social.

En el trabajo de Madriz se hace mención a la “paradoja del miedo”, que se refiere a que las sensaciones de miedo son más fuertes entre aquellos menos proclives a sufrir ataques. Es decir, los grados de victimización no son coherentes con los niveles de padecimiento concreto de delitos o ataques. Estas conclusiones fueron recientemente secundadas en el trabajo de Gabriel Kessler, “El sentimiento de inseguridad”. Siguiendo con Madriz, ella sostiene que las diferencias de género impactan en diferencias respecto al sentimiento de miedo. Las mujeres, subordinadas a un régimen e ideología patriarcal, son formadas y socializadas en el miedo. No se puede entender la feminidad occidental sin considerar el rol del miedo. Desde jóvenes las niñas son adoctrinadas a “sentarse como señoritas”, a “tener siempre las piernas juntas”, a “no levantarse la pollera” y a “no hablar con extraños”. Todo esto porque de no hacerlo, “algo malo podría ocurrirle” y “a las niñas buenas no les pasa nada malo”. A los varones también se les hacen recomendaciones del tipo no hablar con extraños, pero el motivo es otro. En las niñas, estas recomendaciones buscan evitar en lo posible que las jóvenes sean manoseadas, abusadas o violadas. Es decir, la motivación de esas recomendaciones es un producto inescindible de la cultura patriarcal. Todo esto perpetúa un estado de situación e internaliza, en la mujer, ciertas pautas de comportamiento y modos de ser.

Otro aspecto interesante a destacar respecto a las descripciones de Lucila es lo que explica Madriz, citada por Pereyra, acerca de que las imágenes y construcciones de mujeres víctimas tienen dos extremos: la víctima inocente y la culpable. Yaconis entraría en la categoría de víctima inocente, no se relacionaba con personas indeseables o desconocidas, no frecuentaba lugares de riesgo o inapropiados en horas no convencionales, no se vestía de modo provocativo, etc. Esto implica que el victimario toma la figura ideal, ya que es un desconocido, lo que habilita una cobertura mediática sensacionalista y superficial, sin necesidad de ahondar en las estructurales macrosociales y culturales que dan lugar a este tipo de hechos.

Cuatro ejemplos pueden citarse de este tipo de construcción de victimario desconocido y externo, ajeno al círculo de sus víctimas. En una nota del 28 de junio de 2003, titulada ESTÁ GRAVE UNA CHICA DE 17 AÑOS A LA QUE VIOLARON EN COGHLAN, se describe la situación de esta manera: “[La chica] Iba en su bicicleta por las tranquilas calles del barrio hasta que un hombre la sorprendió y la obligó a ir hasta las vías del ex ferrocarril Mitre. Allí la violó”. En otra noticia, esta vez publicada el 2 de septiembre de 2003, titulada EL VIOLADOR PASÓ FRENTE A POLICÍAS, el primer párrafo dice así:

La sorprendió a una cuadra de la Fiscalía de Saavedra. La amenazó con un cuchillo y la obligó a caminar con él hacia el lado de la General Paz porque, según le dijo, estaba escapando de la Policía. Para calmarla le aseguró que cuando estuviesen del lado de la provincia la iba a dejar ir. Así, el atacante y su víctima pasaron por delante de al menos cuatro policías que estaban haciendo un control vehicular en la calle Holmberg y no sospecharon nada. Ya en Vicente López, el hombre llevó a la chica hasta un terreno ferroviario y allí la violó” (resaltado en el original).

El tercer ejemplo data del 13 de mayo de 2006, en una nota titulada DENUNCIAN OTROS DOS CASOS DE VIOLACIÓN EN LAS CALLES DE NÚÑEZ. En la misma se lee: “Las dos jóvenes iban caminando despreocupadamente cuando, de manera sorpresiva, un auto les cortó el paso y las descolocó. De él se bajó un hombre y con amenazas logró meterlas en el coche. Allí mismo las violó” (resaltado en el original).

El cuarto ejemplo, da cuenta una vez más de la astucia de los violadores. El 21 de septiembre de 2007, Clarín publicó la nota titulada UN VIOLADOR SE OCULTABA CON TRE IDENTIDADES PARA SEGUIR ATACANDO, en la que se destacan las habilidades y estrategias utilizadas por un violador para no ser encontrado por la policía.

Estos breves ejemplos dan cuenta de la tipificación general que se hizo de los victimarios: personas desconocidas, anónimas, que sorprenden a sus víctimas y son capaces de burlar los controles policiales. El segundo ejemplo funciona como caso de la polaridad puntualizada por Pereyra e Iriondo, que establece al violador como astuto y a las mujeres violadas como ingenuas. Esto desemboca en una mirada esquemática y poco profunda acerca de la violencia ejercida contra las mujeres. Los autores agregan que esta imagen de violador astuto se contrapone directamente con la ingenuidad, despreocupación y tranquilidad de las víctimas. Retomando a Fernández Díaz, el discurso periodístico construye a las víctimas de delitos sexuales en correlación con las características de sus agresores.

Otra manera de mencionar y tipificar a los victimarios es animalizarlos y presentarlos como seres irracionales, locos, dementes. En una nota del editor Ricardo Roa, publicada el 13 de diciembre de 2005 y titulada ¿CUÁNTAS VÍCTIMAS HACEN FALTA?, se expresa lo siguiente:

“Tiene 19 años y también un infierno que un demente depositó en ella”; “¿Cómo puede ser que en una estación de trenes un demente pueda atrapar a una chica, llevarla a un descampado y lastimarla para siempre?”;” Uno de los rasgos más enigmáticos de un violador es esa duplicidad que le permitió a este hombre [un presunto asesino y violador dejado en libertad] amar tal vez a una mujer y perpetrar semejantes horrores con otras” (resaltados en el original).

En otra nota, del 28 de septiembre de 2006, titulada "DE REPENTE APARECIÓ ESTA BESTIA Y NOS CAMBIÓ LA VIDA", se hace una construcción del victimario como alguien irracional y bestial. En la nota se cita la siguiente declaración del padre de una víctima de violación:

“‘Hasta la semana pasada teníamos una vida normal. Estábamos tranquilos, viviendo como cualquier familia", explicó Alberto, padre de la víctima, sobre el motivo de esta marcha. "Mi hija tiene dos trabajos, es una gran ciudadana y de repente apareció esta bestia y nos cambió la vida’" (resaltado en el original)

Una vez más se hace referencia a la calidad ciudadana y humana de la víctima en contraposición a la irracionalidad y bestialidad del agresor. Ahora bien, esta construcción implica algunos riesgos ya que, como bien señalan Pereyra e Iriondo, la patologización del delincuente, concretada al describirlo como un demente o una bestia, diluyen la total y absoluta responsabilidad que le cabe en el hecho delictivo. Si un violador es construido como un loco o una bestia, entonces no se le pueden aplicar las leyes humanas, racionales y ciudadanas. Entonces, parece que casi se disculpa su accionar, ya que a un animal no se le puede pedir que actúe racionalmente y de acuerdo con las lógicas sociales. Y así aparece otra interesante paradoja: si bien los casos de violación, como ya se ha dicho, son tratados como otros ejemplos de inseguridad o como un crimen más, a sus perpetradores, sus victimarios, no se los nombra como delincuentes, sino que son dementes, locos, animales, chacales, bestias, etc. De este modo, la violación aparece como algo incontrolable e inevitable, ya que es producto de mentes alienadas. Al respecto, cabe mencionar brevemente un nota al pie realizada por Fernández Díaz en su texto “Las mujeres y los discursos mediáticos”, en la que discute con esta dicotomía normalidad/anormalidad o racional/demente. Según lo expresado en esta anotación, los grupos feministas desmantelaron la consolidada creencia alrededor del monstruo sádico o el demente sexual, demostrando que la mayoría de las agresiones de género son cometidas por hombres “normales”, padres de familia, con los que existen vínculos amistosos o familiares.

4- Ubicación del enunciador. ¿Hay un enunciador tipo?

En la cobertura del caso Yaconis y de los posteriores hechos vinculados al mismo, el diario Clarín y su línea editorial, se ubicaron como portadores de racionalidad y como portavoces de las problemáticas que más aquejan a parte de su lectorado de clase media/alta. La enunciación del diario se basó en replicar los argumentos más extendidos e instalados en la sociedad sobre la problemática de la violencia contra la mujer.

La enunciación analizada construyó un mundo posible, en términos de Rodrigo Alsina, en el que la inseguridad acecha y las violaciones en la zona de Núñez y Belgrano son cosa de todos los días. Así, el diario fue coherente con su contrato de lectura y se embanderó detrás de discursos exigentes de más represión y presencia policial en la zona (como puede verse en la nota del 14 de agosto de 2003, titulada PROMETEN PONER MÁS POLICÍAS EN LA ZONA DONDE HUBO VIOLACIONES, en la noticia del 13 de diciembre de 2005, NÚÑEZ: VIOLAN A OTRA JOVEN Y LOS VECINOS PIDEN MÁS SEGURIDAD, y en la reciente nota del 7 de mayo de 2011, titulada UN PEDIDO PARA QUE PONGAN MÁS VIGILANCIA).

El tipo de cobertura focalizó lo sucedido como un caso más de inseguridad, reforzando así el imaginario construido en los últimos años acerca de la “ola de inseguridad” y de la imposibilidad de vivir con tranquilidad en la Argentina (esto puede verse en el ejemplo citado en el punto 1). Los redactores y editorialistas del medio piden por mayor seguridad y actuación del Estado para prevenir este tipo de hechos, que todos califican como aberrantes y horrorosos para la vida y psiquis de las víctimas. Sin embargo, el enunciador no logra exceder una visión superficial, pidiendo más represión y mayores penas a los violadores, y así no alcanza a estudiar las causalidades estructurales que fomentan estos hechos.

Finalmente, en varias notas, algunas ya mencionadas, se destaca el valor ciudadano y humano de las víctimas. El diario se pone de este lado, de la vereda de la ley, el respeto a los valores instituidos y los buenos vecinos y familias. Frente a este conjunto que representa el medio, se ubican los dementes y las bestias que violan a las mujeres. La cuestión es, una vez más, analizar quién define la demencia o bestialidad de los otros.

5- Construcción del ámbito criminal, de la naturaleza del crimen y del o los criminales. ¿A qué imaginarios o representaciones sociales remite?

La construcción del ámbito criminal realizada por la cobertura de Clarín lo constituyó en un espacio marginal, a los costados de la vida vecinal y transitada. Las violaciones tratadas en el diario ocurrieron todas en las cercanías de las vías del tren, en terraplenes, en descampados, etc. El ejemplo más claro de esto se puede apreciar en la nota publicada el 20 de diciembre de 2003, titulada MIEDO EN LOS ALREDEDORES. La misma se transcribe completa a continuación:

El aumento de la seguridad en trenes, subtes y estaciones contrasta, sin embargo, con los graves episodios que ocurrieron este año a metros de las vías de distintos ramales. Entre estación y estación, las formaciones atraviesan terrenos descampados, muchas veces oscuros, muchas veces tierra de nadie. Algunos de ellos han sido escenario de hechos terribles, como el asesinato de Lucila Yaconis, el ataque sexual de una chica en Coghlan y la violación de dos mellizas de 15 años muy cerca de la estación de Haedo, entre otros.

Según la Policía, al advertir la fuerte presencia de los efectivos, los delincuentes se alejaron de las estaciones y aprovechan la oscuridad o soledad de los alrededores para robar y agredir a los pasajeros
” (resaltado en el original).

De esta manera, el crimen, la violación, quedan circunscriptos a lugares extraños, oscuros, despoblados. Esto implica, por razonamiento lógico, que los lugares cotidianos y habituados son seguros y nada malo puede pasar allí. Sin embargo, como ya se mencionó, la mayor proporción de agresiones de género se dan al interior del hogar y entre personas que tienen vínculos amistosos o familiares. Esta imagen de los descampados y de la tierra de nadie como los lugares de máxima tensión, se complementa con las escenas que describe la nota del 19 de agosto de 2004, TERRENOS FERROVIARIOS: QUEJAS POR LA INSEGURIDAD Y EL ABANDONO y con el cintillo repetido en varias notas que rezaba “Otra violación junto a las vías del ex ferrocarril Mitre” u “Otro ataque junto a las vías del ferrocarril”.

En la nota del 23/04/03, MATAN EN LAS VÍAS DEL TREN A UNA CHICA DE 16 AÑOS QUE SE RESISTIÓ A SER VIOLADA, el redactor presenta la siguiente descripción emocional:

De día la zona parece tranquila. A dos cuadras está la avenida del Libertador y a cuatro la cancha del club Defensores de Belgrano. Al llegar al final de la calle Vilela se destacan los carteles de las inmobiliarias: hay un par de casas que están en venta. Junto al terraplén de la vía hay un pequeño taller de ascensores. En la cuadra hay muchos árboles que de noche oscurecen el lugar.

Por las noches, el final de la cuadra es aprovechada por los travestis de la zona. Ayer, en la calle y la vereda se podían ver preservativos usados tirados en el piso
” (el resaltado en nuestro).

Esta descripción insiste con el tema de la oscuridad y el terraplén, como los factores de peligro. Más allá del fallido de decir que los árboles oscurecen el lugar a la noche (en todo caso, el lugar está oscuro porque es de noche. La presencia o no de árboles no alteraría la oscuridad nocturna), es interesante la diferencia que se establece al comienzo: de día, la zona parece tranquila. El problema es la combinación de los aspectos geográficos (terraplenes, vías, descampados, pastos crecidos) con la oscuridad. Cabe resaltar, por fin, las varias menciones que se hacen en varias notas de distintos casos, en los que las víctimas iban solas, de noche y se desenvolvían de modo despreocupado.

Respecto a la naturaleza del crimen, se lo describe como el peor de los hechos. La violación es un suceso que marca de por vida a sus víctimas y alrededor del cual se dan toda una serie de circunstancias, prejuicios y estigmas que no colaboran para la recuperación de las víctimas. Por eso se exige al Estado más control y presencia policial ya que este delito tiene consecuencias de por vida y destruye vidas. Ahora bien, este tipo de hechos es tratado como si fuera obra de dementes o seres irracionales. Es decir, la naturaleza del delito no se vincula con estructuras sociales o con las influencias que ejerce un régimen patriarcal. El delito aparece así como algo terrible, obra de dementes y por tanto, impredecible e incontrolable. Las características de los criminales ya fueron desarrolladas en el punto 3.

Toda esta construcción del ámbito criminal y del tipo de delito y tipificación de criminales reactiva el imaginario social que ubica a la violación como un hecho producido por locos, seres asociales, en lugares igualmente asociales, como los baldíos, terraplenes o bordes de las vías. La soledad de esos lugares se ha convertido en un aspecto ideal para realizar violaciones en ellos sin ser advertidos. El imaginario del sádico, del insaciable sexual que no se controla y que pulula por las noches, es sostenido por narrativas mediáticas como las analizadas.

6- Construcción del verosímil.

La estrategia para construir el verosímil más extendida en todas las notas leídas es la mención recurrente a las fuentes oficiales, policiales e institucionales. Es notable la sobrerrepresentación de la voz oficial en las coberturas. Además de estas fuentes, aparecen las voces de los familiares de las víctimas. El recurrir a fuentes de jerarquía y representantes de las instituciones oficiales, da más valor de verdad al discurso.

Otra estrategia es la conformación de lo que Tuchman llama la “trama de facticidad”. Esto se dio en los casos posteriores al asesinato de Lucila Yaconis. Con esta trama se busca dar sustancia a los hechos individuales a través de la mención de hechos previos. El conjunto consecuente de hechos se autovalida a sí mismo. Todos los hechos narrados en las noticias, se validan de acuerdo al hecho individual de Yaconis; el hecho particular se valida, a su vez, por estar inserto en cierto conjunto de hechos. Esto quedó ejemplificado cuando se habló de la serialización de las noticias.

También se ofrecen fotografías, mapas, videos y citas de estadísticas, lo que favorece a hacer más “objetivos” los datos e informaciones brindadas.

Por último, se recurre a la narrativización en clave literaria y casi folletinesca de los diversos sucesos. Como toda nota inserta en la sección policial, la cobertura tiene mucha relación con la literatura de suspenso y de detectives. Esto es resaltado por Chejter, quien dice que la cobertura de estas noticias está marcada por el enigma y el deseo de develar el misterio. En estas retóricas literarias, la cobertura brindaba detalles específicos de los lugares por los que transitaba la víctima, horarios y demás. Como ejemplos se pueden citar los siguientes:

Como todas las tardes, [Lucila Yaconis] salió de la casa de su abuela para ir hasta la suya. El trayecto no era largo y lo conocía de memoria. Pero nunca llegó: fue atacada sexualmente a 50 metros de su casa, junto a las vías del ex Ferrocarril Mitre, en Núñez. La chica, de 16 años, se resistió, pero el atacante la golpeó y la asfixió tapándole la boca y la nariz” (Clarín, 23/04/03)

“[Lucila] Tiene las medias tres cuarto grises, zapatos con cordones, jumper gris por sobre la rodilla y la chomba gris con vivos azules que corresponde al uniforme del Instituto General San Martín, cuando todavía no hace frío de invierno. El buzo azul, con el escudo, se bambolea anudado en la cintura. Y sobre el hombro derecho pesa la mochila con la tarea que le ocupó toda la tarde: un trabajo especial para el 29, el Día del Animal” (Clarín, 27/04/03)

Eran las cinco de la tarde y, como todos los días, salió del colegio y emprendió el regreso a su casa, en Coghlan. Iba en su bicicleta por las tranquilas calles del barrio hasta que un hombre la sorprendió y la obligó a ir hasta las vías del ex ferrocarril Mitre. Allí la violó, supuestamente junto a otros hombres. Ahora está internada en una clínica privada de Palermo. Tiene 17 años y está grave” (Clarín, 28/06/03, resaltado en el original)

Llegó al quiosco de Grecia y Crisólogo Larralde muy alterada. Buscaba un teléfono porque necesitaba hacer una llamada urgente. La dueña del quiosco le preguntó qué le pasaba y la chica, una estudiante de 19 años, primero no respondió. Pero unos segundos después se quebró y empezó a gritar: ‘Me violaron, me violaron” (Clarín, 13/12/05, resaltado en el original)

Estas narraciones propias de la literatura policial incluyen datos específicos y horarios, lo que carga de veracidad a los discursos mediáticos.

7- Caracterización de la ley. ¿Hay evaluación de parte del medio sobre el accionar policial?

A lo largo de la cobertura no se problematiza en demasía el accionar policial. En general, la crítica principal es cierta falta de rigurosidad de parte del sistema penal para con los violadores y se exige mayor actuación policial. Pero se reconoce el esfuerzo de los policías y fiscales que trabajan en la búsqueda de pruebas e indicios para dar con los culpables. Las críticas que se hacen, y esto debe destacarse, están presentes en algunos editoriales, en los que se destaca que muchas veces no se hacen las denuncias por violación debido a cierta actitud policial que pone en duda estas acusaciones y no se aproxima a la víctima del modo más adecuado.

Sin embargo, más allá de estas críticas, la exigencia es que justamente haya más policía y presencia de las fuerzas de seguridad en las zonas “calientes”. La policía tiene una actuación correcta, más allá de cierta “falta de tacto”, según la cobertura del diario. La ley se caracteriza entonces como siendo portada por los efectivos oficiales

Los transgresores de la ley son los violadores, los seres dementes que acechan por las callejuelas y vericuetos oscuros de la ciudad. Frente a ellos, aparecen las víctimas y familiares de ellas que son ciudadanos correctos, honestos, respetuosos de las leyes. Clarín resalta esta dicotomía y ubica a la policía como el garante fundamental del orden.

REFLEXIÓN PERSONAL FINAL

La violencia de género es una de las problemáticas estructurales de la sociedad. Más allá de los avances en materia de igualdad entre hombres y mujeres que muchos resaltan como signos concretos de una evolución, estos siguen sin dejar de ser una excepción. Como señala Fernández Díaz, la presencia femenina en ámbitos laborales y en los discursos mediáticos es minoritaria y, cuando ocupa un lugar protagónico, se lo toma como algo exótico, anormal. Es interesante resaltar que, en los casos en los que la mujer toma una postura más sólida y de peso, esto se suele asociar con valores masculinos que la mujer adoptó. Así, el éxito en el mundo social sólo es posible si se cuenta con la suficiente fuerza, rudeza, en fin, la suficiente masculinidad.

El concepto de género no puede asimilarse al de sexo. El género, explican Pereyra e Iriondo, se vincula con relaciones de poder y es entendido como constructor de identidades sociales. El género atribuye roles, campos de acción y diferentes atributos para cada sexo. Ahora bien, lo que debe repetirse una y otra vez es que las definiciones en torno al género no son heterónomas, sino que son productos sociohistóricos, cargados de diversos acentos ideológicos y que producen un determinado mundo. Por lo tanto, tal como indica Bourdieu, es necesario interrogar acerca de “cuáles son los mecanismos históricos responsables de la deshistorización y de la eternización relativas de las estructuras de la división sexual”. La definición de género y todo lo que ella implica no son inocuas y condicionan el tipo de existencia y mundo que se construirán.

La cobertura mediática analizada no tiene una visión integral de la violencia de género. La circunscribe al ámbito de un delito más. Así, una violación es casi lo mismo que cualquier otro robo. No se analizan las posiciones asimétricas entre los géneros, que probablemente sean la clave para entender este tipo de violencia. En trabajos previos se insistió en que la violencia era una manera de resolver los conflictos, un modo de convivencia social. La violencia de género no es la excepción. Esta violencia es una manera de dominar, material y simbólicamente, a la mujer. A través de esta violencia, el hombre delimita un modo particular de autolegitimación y de actuación en el mundo. Como bien señalan Pereyra e Iriondo, abordar lo vinculado a la violencia de género como un simple hecho policial más, invisibiliza los cimientos estructurales que dieron lugar a esta violencia y colaboran a generar sentimientos de angustia y pánico moral. Esto puede verse, en la cobertura analizada, con un repaso rápido por algunos titulares:

“MATAN EN LAS VÍAS DEL TREN A UNA CHICA DE 16 AÑOS QUE SE RESISTIÓ A SER VIOLADA” (23/04/2003); “ESTÁ GRAVE UNA CHICA DE 17 AÑOS A LA QUE VIOLARON EN COGHLAN” (28/06/03); “NO PARAN LOS ATAQUES SEXUALES EN LA ZONA DONDE MATARON A LUCILA YACONIS” (13/08/03); “OTRA VIOLACIÓN EN BELGRANO, PERO AHORA HAY UN DETENIDO” (16/08/03); “OTRA VIOLACIÓN, ESTA VEZ EN EL LÍMITE DE CAPITAL Y VICENTE LÓPEZ” (1/09/03); “UN TIPO DE DELITO QUE SE REPITE” (8/09/03); “MIEDO EN LOS ALREDEDORES” (20/12/03); “NÚÑEZ: VIOLAN A OTRA JOVEN Y LOS VECINOS PIDEN MÁS SEGURIDAD” (13/12/05); “DENUNCIAN OTROS DOS CASOS DE VIOLACIÓN EN LAS CALLES DE NÚÑEZ” (13/05/06)

Estas noticias abarcaban tanto el hecho de Yaconis como los de otras jóvenes violadas, pero el punto a destacar es que a pesar de la “ola de violaciones” en esa zona de la ciudad, la cobertura nunca analizó los motivos más profundos. La reflexión nunca llegó a discutir el quid de la cuestión. Nunca se habló de violencia de género, no se hizo referencias a la violencia que sufren día a día las mujeres por el solo hecho de serlas. Además, se ofrece una lectura falaz de la violencia contra la mujer y la violación, ya que se la situó siempre en el exterior, en los lugares descampados, en el bajo mundo, a manos de desconocidos y locos. Pero esto, como muchos grupos feministas han demostrado, no es así, ya que la mayoría de las agresiones que sufren las mujeres son producidas por personas “normales”, de su círculo íntimo o conocidos. La violencia cotidiana que sufren muchas mujeres en la intimidad de sus hogares no es tratada por el medio, ni siquiera es problematizada ni mencionada. Así, se pinta un panorama falso de la violencia contra la mujer. Pero este panorama es coherente con el régimen que el medio sustenta. Poner en crisis el régimen y la ideología patriarcal sería poner en crisis al conjunto de las instituciones sociales. Los medios, en general, son productos del mismo régimen y no pueden hacer más que sustentarlo. Como puntualiza Chejter, los medios se ocupan de reproducir la realidad social y sus construcciones solidifican lo ya existente. La cobertura mediática reproduce y consolida las relaciones de poder hegemónicas existentes. Los medios son defensores del Orden y no contemplan alteraciones que pongan en jaque la dominación masculina. Estos titulares imponen una sensación de miedo sobre la sociedad y, en especial, sobre las mujeres. Pero este miedo es una construcción. Como se dijo, se debe entender al miedo como una herramienta de domesticación y control social. Además, este tipo de discursos habilitan y legitiman toda una serie de reclamos por mayor seguridad y represión que desembocan en la consolidación de estigmas sociales, la reactivación de imaginarios y el avance de medidas represivas.

En un momento Villaplana afirma que “lo que no se nombra no existe”. Si la cobertura mediática no nombra la violencia de género, esta no existe, carece de entidad, no es. Ahora bien, como señala Crettiez, “¡no cualquiera tiene el poder de nombrar!”. Los medios tienen este poder. Las mujeres, no. Los medios usan este poder para invisibilizar las relaciones de dominación y poder y así, como diría Bourdieu, eternizan lo arbitrario. Spivak, una filósofa hindú autodenominada feminista-marxista-poscolonial publicó un libro cuyo título provoca la reflexión y el debate: “¿Puede hablar el subalterno?”. Ella, dicho rápidamente, considera a la mujer hindú como doblemente dominada y subalterna: por su condición de sujeto colonial y por su condición de mujer. Su conclusión es tajante: “el subalterno no puede hablar”. No tiene voz. No tiene entidad. Si el subalterno hablara, dejaría de ser subalterno. De esta manera, un régimen burgués, basado en la diferenciación de clases y en la imposición de valores, necesita de la subalternidad para perpetuarse. Si el subalterno pudiese hablar, tuviese poder y estuviese en igualdad de condiciones, el castillo de naipes social burgués se desmoronaría. Lo arbitrario se mostraría como lo que es y no se eternizaría. Las relaciones de dominación e imposición quedarían expuestas y vulnerables. Por eso, la lectura de Spivak debe forzarse un poco y tomarla con optimismo (y con dosis importantes de romanticismo utópico): el subalterno efectivamente no puede hablar, pero el día que hable no habrá más subalternos.

Un riesgo que debe mencionarse respecto a ciertas posturas feministas radica en el lugar incómodo que algunas de sus propuestas ocupan. Si bien a lo largo del trabajo se destacaron aportes del feminismo, esto no debe llevar a un elogio de esta ideología. El reemplazo pretendido por algunas extremistas de la falocracia a la “vaginocracia”, el pasaje del patriarcado al matriarcado, no suponen gestos progresistas. Como se dijo en trabajos previos, el cambio de una dominación por otra de distinto nombre, no deja de ser dominación. Todo –ismo en general es peligroso y el feminismo no es la excepción. No se debe caer en fanat–ismos. El objetivo debiera ser la construcción de una sociedad de iguales, sin imposiciones ni arbitrariedades, donde el género deje de ser un instrumento de poder y diferenciación. Por este objetivo debería cobrar importancia concreta y específica el estudio de la violencia de género. Si no fuera así, parafraseando a Stuart Hall, todas estas discusiones importarían un pito.

BIBLIOGRAFÍA

· Ariznabarreta, Larraitz et al (2006): Tratamiento de la violencia de género en la prensa vasca. San Sebastián, Universidad del Deusto.

· Bourdieu, Pierre (2003): “La eternización de lo arbitrario”. En La dominación masculina. Barcelona. Anagrama.

· Chejter, Silvia (1995): "Violencia contra las mujeres". En Informes de investigación, Nº 3, Ediciones del CECYM, Buenos Aires.

· Crettiez, Xavier (2009): Las formas de la violencia. Buenos Aires, Waldhuter Editores.

· Fernández Díaz, Natalia (2003): La violencia sexual y su representación en la prensa. Barcelona, Anthropos.

· Ford, Aníbal (1999): “La exasperación del caso”. En La marca de la bestia, Buenos Aires, Norma.

· Madriz, Esther (2001): “Introducción” (fragmento). En A las niñas buenas no les pasa nada malo, México, Siglo XXI.

· Mongardini, Carlo (2007):”Introducción”. En Miedo y sociedad, Madrid, Alianza.

· Pereyra, Marcelo (2009): “No matarás (de nuevo), o de cómo el crimen de Nora Dalmasso se transformó en pasión de multitudes”. Actas del I Congreso Interdisciplinario sobre Género y Sociedad. Debates y prácticas en torno a Violencias de género. Córdoba, Argentina, 28,29 y 30 de Mayo.

· Pereyra, Marcelo e Iriondo, Gisela (2009) “Violencia y dominación de género. Crónicas periodísticas de un mundo peligroso para las mujeres. Actas de las V Jornadas de Jóvenes Investigadores, Instituto de Investigaciones Gino Germani. Buenos Aires, 4, 5 y 6 de Noviembre.

· Spivak, Gayatri Chakravorty (2011): ¿Puede hablar el subalterno?, Buenos Aires, El cuenco de plata.

· Tuchman, Gaye (1978): La producción de la noticia. Estudio sobre la construcción de la realidad; México, Gustavo Gili.

· Villaplana, Virginia (2006): “Argumentos de no-ficción: género, representación y formas de violencia”. En www.carceldeamor.net/vsc/textos/textovp.html

· Links de noticias consultadas en el sitio web del diario Clarín (ordenadas cronológicamente)

23 de abril 2003

http://edant.clarin.com/diario/2003/04/23/s-03001.htm

http://edant.clarin.com/diario/2003/04/23/s-03015.htm

24 de abril 2003

http://edant.clarin.com/diario/2003/04/24/s-03401.htm

27 de abril 2003

http://edant.clarin.com/diario/2003/04/27/s-04415.htm

28 de junio 2003

http://edant.clarin.com/diario/2003/06/28/s-04801.htm

3 de julio 2003

http://edant.clarin.com/diario/2003/07/03/o-02001.htm

13 de agosto 2003

http://edant.clarin.com/diario/2003/08/13/s-02801.htm

14 de agosto 2003

http://edant.clarin.com/diario/2003/08/14/s-03501.htm

16 de agosto 2003

http://edant.clarin.com/diario/2003/08/16/s-03815.htm

1 de septiembre 2003

http://edant.clarin.com/diario/2003/09/01/s-04001.htm

2 de septiembre 2003

http://edant.clarin.com/diario/2003/09/02/s-04001.htm

8 de septiembre 2003

http://edant.clarin.com/diario/2003/09/08/g-04602.htm

12 de noviembre 2003

http://edant.clarin.com/diario/2003/11/12/g-03501.htm

20 de diciembre 2003

http://edant.clarin.com/diario/2003/12/20/h-05702.htm

19 de agosto 2004

http://edant.clarin.com/diario/2004/08/19/laciudad/h-04015.htm

13 de mayo 2005

http://old.clarin.com/diario/2006/05/13/policiales/g-07001.htm

22 de mayo 2005

http://old.clarin.com/diario/2005/05/22/policiales/g-06109.htm

7 de diciembre 2005

http://old.clarin.com/diario/2005/12/07/opinion/o-03401.htm

13 de diciembre 2005

http://old.clarin.com/diario/2005/12/13/opinion/o-01106910.htm

http://old.clarin.com/diario/2005/12/13/policiales/g-04815.htm

28 de septiembre 2006

http://old.clarin.com/diario/2006/09/28/policiales/g-04310.htm

12 de enero 2007

http://old.clarin.com/diario/2007/01/12/policiales/g-04601.htm

16 de septiembre 2007

http://old.clarin.com/diario/2007/09/16/policiales/g-06101.htm

21 de septiembre 2007

http://old.clarin.com/diario/2007/09/21/policiales/g-05601.htm

13 de julio 2008

http://edant.clarin.com/diario/2008/07/13/policiales/g-01714159.htm

24 de abril 2009

http://edant.clarin.com/diario/2009/04/24/policiales/g-01904449.htm

7 de mayo 2011

http://www.clarin.com/policiales/pedido-pongan-vigilancia_0_476352573.html